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martes, 24 de septiembre de 2013

Contemplando la vida


Contemplo la vida
sentado encima de las horas
que transcurren acuciadas
por la frágil cadencia del tiempo.
Y espero atento, entre vigilias,
alguna noticia, indicio o síntoma
de este mundo embobado, confundido,
negligente, desmemoriado y náufrago. 

Y así, me aventuro a navegar costeando 
por el optimismo fecundo y la esperanza serena 
a pesar de la incertidumbre de los latidos del viento 
o el ritmo desatado de la inquietud. 
Me encomiendo a la cordura si todo zozobra, 
que nada hay peor que, acobardado, 
abandonar las riendas . 

Hay que ser osado cuando  reluce la primavera 
y cauteloso cuando el otoño se enciende. 
Llorará el cerezo lluvia de pétalos, 
lágrimas dulces en medio de abril, 
y, justo al tiempo,  sus mejillas risueñas 
encenderán de llamas la luz de cara a la tarde. 
Pero, de aquel llanto, estallan las cerezas
y de este fuego, la serenidad dorada. 

¿Por qué te duele si se deshoja la rosa, 
por qué entristecerse cuando mueren los cabellos? 

La vida es andar un paso tras otro, 
observando la arena amable que acoge el mar, 
observando  a regañadientes, trepando por la  duna
o, tal vez, cuando nada te detiene, volar 
por un cielo calmo  sobresaliente de afecto, 
de risas cristalinas, tiernas, amorosas ...
 a ambos lados de la felicidad.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Si quieres volar. Yo sere tu cielo
si quieres navegar. Yo sere tu mar
si si si si ! Siempre si, y mientras la contemplas, en ese compas, no te olvides de vivir ...