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lunes, 15 de julio de 2013

¿Qué es la perfección?


Las cosas perfectas no existen. La perfección no es inherente a la vida humana. Pertenece a un ámbito que no es nuestro. Podría ahora perderme en divagaciones sobre cuál es este ámbito, pero no lo haré porque sería otro tema.

El otro día, en uno de esos grandes almacenes donde venden cosas para el hogar, me llamó la atención un cartel, que haciendo referencia al césped artificial, decía algo así como "Siempre está igual de verde y bonito. No hay que hacer nada "... y el caso es que ayer domingo he estado en el chalet de una amiga, ¡me he alegrado tanto de ver un trozo de césped natural que su padre cuida con esmero todo el año para su familia!  

Es verdad que el césped de casa de mi amiga dura muy poco tiempo bonito, porque lo pisan todo el verano, comen, juegan se bañan etc. y también es verdad que si se pudiera hacer justicia con estas cosas, realmente no valdría la pena, todo un año de sembrar, plantar, replantar, cuidar y proteger, solamente para dos o tres meses de verano... pero afortunadamente las cosas de verdad no funcionan así. 

Probablemente llegará el día en que su padre no pueda cuidar del césped del jardín y que cuando llegue ese día sea una buena solución un césped artificial. No lo niego, pero de lo que yo hablo es de otra cosa. 

Hablo de que la perfección no es la ausencia de defectos, ni tampoco lo es la belleza uniforme. Hablo de una belleza imperfecta o de una imperfección hermosa, ¡digámosle como queramos! Detrás de cada "imperfección" hay una mano que trabaja, un corazón que vela, un deseo que pretende ser comprendido... y todas estas cosas nunca pueden ser uniformes. 


Es por ello que no se puede comparar la belleza de un bosque con la de un jardín, por bonito que sea, ni la belleza del mar con la de una piscina, por trabajada que sea, ni la belleza de un jarrón de flores naturales con un centro de flores de mentira, por fantástico que sea, ni la belleza de la creatividad humana con la inteligencia artificial, por superdotada que sea, ni la belleza de nuestra realidad con los ideales que tenemos de belleza, por sublimes que sean. 

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