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sábado, 6 de julio de 2013

La promiscuidad


El diccionario de la RAE define a la promiscuidad como La convivencia con personas de distinto sexo o la mezcla y confusión. El concepto, sin embargo, está asociado a la práctica de relaciones sexuales con diferentes parejas o grupos sexuales.  
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) la promiscuidad tiene lugar cuando un sujeto tiene más de dos parejas sexuales en menos de seis meses. 
Coño! Leche! Joer! Jajajajajajjajajajjajajaj ¡Vaya tela! ¿Dos parejas sexuales en menos de seis meses? ¿Y cuando se tienen , 3, 4, 5, 6 o más? ¿Cómo se le llama a eso? 
Aunque estamos luchando por la igualdad, aunque digamos que esta sociedad ya no es machista, cuando un hombre es promiscuo, casi que su estatus está bien elevado, pero por lo contrario, en una mujer, aunque no sea justo, está en el cieno. 
Después de hacer una búsqueda por Internet he de decir que no he encontrado una definición satisfactoria de la promiscuidad. Todo parece remitirse a una cuestión relativa al número de parejas/año. O dicho de otra manera la definición de promiscuidad está relacionada con el número de partenaires sexuales que una persona tiene en una determinada unidad de tiempo, incluso algunos estudios escogen el número de parejas/vida que es a mi juicio aun más oscuro. 
Así, para la OMS es promiscua cualquier actividad sexual que reúna dos o más parejas cada seis meses lo que no deja de contener un cierto tufillo moralista y resulta poco operativa porque podría incluir a casi toda la población al menos en ciertos rangos de edad.  
Otra forma de medirlo es a través del constructo “one night stand” es decir parejas de una sola noche, o sexo causal. Lo cierto es que a pesar de que responder a la pregunta qué es y qué no es una actividad promiscua tropieza con grandes dificultades operativas, la principal es la arbitrariedad de las cifras, ¿2, 3, 8, 10 parejas al año? ¿Dónde poner el punto de corte?

Lo cierto es que es imposible desvincular el rasgo “promiscuidad” de otras variables como la edad, la cultura, la orientación sexual, la patología mental u otras conductas de riesgo. y sus consecuencias médicas que suele ser la razón por la que se investiga esta variable al margen de sus consecuencias psicológicas: las enfermedades de transmisión sexual o el cáncer de cuello de útero, patologías que guardan una evidente relación con ella, así como los embarazos no deseados y el IVE (interrupción voluntaria del embarazo). 
A pesar de las dificultades en su definición, la promiscuidad como la inteligencia son rasgos muy intuitivos a la hora de identificarlos, sobre todo en la patología (en los extremos), pero más complicada es identificarla cerca de los valores promedio, lo que parece indicar que estamos hablando de una variable continua. Ciertos síndromes como el TLP o trastorno límite de la personalidad sin embargo la tratan como una variable continua que o está presente o no lo está y cuentan a “la promiscuidad” como uno de los ítems mayores para el diagnóstico, si bien los incluyen dentro del clúster de la impulsividad, 
De manera que tendremos que seguir explorando otras variables y olvidarnos del número de parejas/unidad de tiempo si queremos apresar mejor este rasgo. 
Los hombres son, por razones evolutivas, más promiscuos que las mujeres. Los hombres aumentan su eficacia reproductiva en cada coito, además la testosterona les impulsa hacia situaciones de riesgo, exploratorias y a buscar sexo ocasional, algo que está muy bien estudiado (sobre todo por David Buss y otros) y que se conoce y con el nombre de emparejamientos a corto plazo: la disponibilidad de mujeres para el corto plazo es siempre menor que la de los hombres. Las mujeres no obtienen las mismas ventajas que los hombres en los contactos ocasionales salvo la diversidad genética, es por eso que existen las infidelidades femeninas en todas las especies monógamas. Es posible afirmar que la monogamia contiene el peaje evolutivo de la infidelidad y de los celos. 
También hay ciertas evidencias de que los hombres homosexuales son más promiscuos que los hombres o mujeres heterosexuales y que las mujeres homosexuales. Sin embargo Pinker promueve una idea diferente: los hombres son todos promiscuos incluso si son homosexuales, incluso existe una relación entre el digit ratio y la predicción de la  promiscuidad  (exposición fetal a la testosterona)
La promiscuidad es una rasgo de personalidad que por sí mismo no es necesariamente disadaptativo y puede coexistir con personalidades bien adaptadas e incluso con altos rendimientos, si bien en algún tramo de su recorrido se solapa con bajos perfiles de funcionamiento psicológico y social, más concretamente del TLP. 
De manera que no tenemos más remedio que indagar hasta qué punto la promiscuidad interfiere en la adaptación normal de una persona. Pensamos que este rasgo es además un rasgo continuo que sigue una sucesión continua (parejas/año) de números (2, 3, 6, 8) o secuencias en los que no es posible encontrar puntos de corte entre la normalidad y la patología y donde el sujeto puede combinarla con la monogamia e incluso con la castidad.

En las mujeres el rasgo es más disadaptativo que en los hombres por la misma razón quela depresión es más disdaptativa en los hombres  que en las mujeres, razones evolutivas. Es posible afirmar que con independencia del número de parejas, frecuencia, permuta o sexo casual, existe promiscuidad cuando: 
  • Existe una impredictibilidad en las relaciones a largo plazo y el individuo es incapaz de mantener una relación, incluso cuando esta relación es beneficiosa para él.
  • Las relaciones suelen romperse a causa de la interferencia de otras relaciones.
  • La conducta sexual interfiere en el funcionamiento general del sujeto, en forma de preocupaciones obsesivas o vctimización 
  • Existen conductas de riesgo que llevan al menos a embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual y de repetición, pareciera como si el individuo no aprendiera de sus errores y donde el corto plazo se impone siempre al largo plazo.
  • No existe una relación hedónica con la actividad sexual sino culpabilización y/o victimización. Las relaciones suelen ser tormentosas, intensamente emotivas o aniquiladoras.
Bibliografía.-
Sexual behavior in borderline personality: a review. Innov Clin Neurosci, 2011 Feb;8(2):14-8.



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