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lunes, 1 de julio de 2013

Amado fantasma


Inexistente. Así es como me siento. 

A veces pienso que en cualquier momento todo volverá a ser como antes; antes de convertirme en... ¿aire? 

Fue de golpe, en un instante. En un quirófano, en una confusión, en un “la hemos cagado.” Después vinieron los “¿por qué?”, los “¿que ha fallado?”, los “¿qué podemos hacer?...” 

Yo sí sé lo que ha pasado. Lo sabía incluso antes de que pasara. Segundos antes de que desconectaran aquel aparato que hacía piiiiiip, piiiiiiiiiip ya sabía que era tarde, que no se podía hacer nada. 

Inexistente y solo, aislado de todos menos de mí mismo. Ni siquiera tengo miedo, sólo una angustia muy profunda de verte triste, de no poderme comunicar contigo. Y sé que te esfuerzas por imaginarme feliz y con el pensamiento me dices: "Te quiero, amor. En la distancia, te quiero". 

En la distancia... Tú y yo estamos en la misma distancia, en la misma proximidad, en el mismo mundo; compartimos el mismo instante, pero sin vernos. 

Y he vuelto a menudo a ese hospital donde tu recuerdo todavía está, y borro las lágrimas que dejaste grabadas en el aire, y te dibujo una sonrisa de complicidad, de estas de estoy contigo. Después te tomo de la mano y volvemos a casa por el camino de siempre, mientras te doy besos y caricias. 

Y esta noche creo que me has sentido porque, cuando has cerrado la puerta, has sonreído y flojito, flojito, me has dicho: Amado fantasma, gracias por quedarte conmigo.

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