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martes, 21 de mayo de 2013

VAMPIROS MEDIÁTICOS



El telediario le comía el entendimiento. Lo comprendió cuando ya casi tenía el cerebro desértico de neuronas. Justo en ese momento lo vio claro, cuando ya no podía ni levantarse del sofá, que las piernas no le respondían ni recibían órdenes de arriba; apenas pudo coger el mando a distancia y apagar la televisión. Eran ellos, los vampiros mediáticos, que le habían chupado el coco; políticos corruptos (o no) que le absorbían la energía desde la impunidad de las noticias de la noche o el mediodía.
¡Sólo concursos!, le recetó el médico. Y le fue bastante bien, pues incluso se enteró de cuál era la capital de Mongolia. 

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