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miércoles, 15 de mayo de 2013

Suelta Suspiros



Había una vez en un país muy, muy lejano... Una chica llamada Suelta Suspiros que era monstruosa por dentro y por fuera, la madre de Suelta Suspiros se había muerto del disgusto cuando ésta nació y el padre se volvió a casar con una mujer equilibrada, sensible y educada llamada Filomena. Filomena tenía dos hijas: Cándida y Bonachona que eran adorables, bonitas y que querían con devoción a su desgraciada hermanastra. 

Suelta Suspiros estaba acomplejada, porque ella era fea, borracha, desgarbada y caótica; nunca podría estar a la altura de su familia, porque su padre, Don Gregorio, también era un señor bien parecido, agraciado y noble. Filomena, haciendo gala de su tremenda bondad, decidió ayudar a su hijastra. Por ello se puso en contacto con un Hada del crecimiento personal, llamada Rebeca. El Hada dirigía un programa llamado "¿quien se quiere casar CON UN PRÍNCIPE?"; Su reto era convertir, en el plazo de tres meses, un patito feo –más bien un buitre- en una magnifica princesa que sería capaz de enamorar y casarse con cualquier millonario. 

Rebeca vio a Suelta Suspiros como una candidata perfecta; tenía claro el objetivo de transformarse rápidamente en una persona hermosa por dentro y por fuera y también estaba obsesionada por parecerse a los modelos de perfección que tenía tan a la orilla... En primer lugar la espantosa dentadura negra y torcida fue sustituida por una bonita hilera de perlas artificiales y blanquísimas, después, los escasos cabellos puntiagudos fueron cambiados para cabellos ondulados y sedosos complementados por oxigenadas extensiones. Posteriormente, la candidata sufrió intensas sesiones de gimnasio, liposucción, implantes y láser para moldear su catastrófica figura. Después vinieron las lentillas de color esmeralda, las sutiles pero gruesas capas de maquillaje que daban un saludable color dorado en su piel terrosa y finalmente la guinda: una educación refinada y dulce en tiempo récord...

 El príncipe en cuestión era Igor, un multimillonario ruso misógino, calvo y de metro sesenta. Su única cualidad positiva era una capacidad mágica para la acumulación de dinero y bienes materiales, él como persona humana daba miedo y asco. Pero las concursantes sólo iban detrás de los dinero del príncipe y de la buena vida, el resto les importaba un bledo de conejo. 

Suelta Suspiros va ganar el concurso, porque superó sobradamente a las otras candidatas en belleza y en encanto personal y el príncipe se cayó rendido a sus pies. Todo el mundo estaba contento: los productores del programa, la familia de la protagonista etc... Pero el hada Rebeca estaba preocupada, sabía que la transformación de Suelta Suspiros era superficial y que el más mínimo descuido provocaría el derrumbe del majestuoso decorado. Por eso advirtió a la futura princesa:


 "En la gala final, y a las doce en punto de la noche, cuando seas coronada y justo después del primer baile con el príncipe, se abrirá la barra libre; ni te acerques, porque tú sólo tienes una apariencia bonita, en el fondo eres el mismo monstruo de siempre. Yo no hago magia ni milagros, reina..." 

La noche de la gala, las 12 en punto de la noche, después del baile, Suelta Suspiros se tiró como una poseída hacia la barra libre. Bebía y bebía gintonics con tanta pasión que mordió una copa y una pieza dental se desprendió de su dentadura inmaculada. Inmediatamente, salió del plató de televisión y se refugió en las afueras de la ciudad con un grupo de marginales drogadictos, se rapó la cabeza y toda su nueva imagen se desintegró con celeridad.

El príncipe, contrató un grupo de matones para que encontraran a la dueña de la perla dental. Estos la secuestraron en un "after" a las 6 de la madrugada y una vez hubieron comprobado por la fuerza bruta que la chica era la dueña de la pieza dental, la llevaron delante del príncipe. Cuando este la miró detenidamente quedó horrorizado. Suelta Suspiros, más colocada y desequilibrada que nunca, le clavó la punta de su zapato de tacón en el ojo, con tanta fuerza que llegó a su cerebro y lo mató. Un gato y un perro y este cuento ya se ha fundido.

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