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martes, 14 de mayo de 2013

Invitación de vacaciones =Solo adultos=



Me quedé atónito. Eva, una maravilla de mujer, un día me dijo que ella iba de vacaciones a un camping nudista. De hecho, si se piensa fríamente, es una cosa normal pero, claro, con una tía como aquella lo que piensas es ... "¿Y cómo será ella desnuda?" Y, más aún, cuando siempre la has visto vestida, claro.
-  Ah, mira ... pues no conocía a nadie que fuera aficionado al nudismo - le respondí - ¿Y cómo es?
-  Pues es lo más natural del mundo. Somos una serie de personas que prescindimos de cualquier prenda de vestir para estar más cerca de la naturaleza - me explicó ella - Y si tienes en mente escenas de orgías y cosas semejantes ya te puedes ir sacándolo la cabeza. No se trata de ninguna actividad sexual. Allí nadie se fija en nadie. Todos estamos acostumbrados a ver hombres sin ropa y no encontramos nada extraño.
-  No, mujer - le dije tranquilizándola la - Ya sé que en estos lugares la gente no se dedica a copular con todo lo que se mueve. 

Yo lo  había visto ya  en determinadas playas, rincones o zonas reservadas a los nudistas. Evidentemente no había entrado nunca en ninguna. Recordé la Playa de Bolonia, en Cádiz, cerca de Tarifa. La zona reservada estaba formada por dunas, con una extraña vegetación a un lado y situada relativamente lejos de la playa propiamente dicha, por donde pasea gente vestida. La mayoría de gente instala unos biombos que los esconde a las miradas indiscretas.
En alguna ocasión había visto a alguna pareja, de más bien mediana edad, que se bañaban completamente desnudos aparentemente ajenos a la expectación que despertaban entre los "textiles" .

No conocía demasiado a Eva. Me la habían presentado unos amigos y únicamente nos habíamos visto tres o cuatro veces y siempre acompañados de otra gente, como en aquella ocasión. Sentía una gran curiosidad y, de hecho, era ella la que había iniciado la conversación así que le dije:
-  ¿Te puedo preguntar algo que siempre he encontrado delicado sobre esto?
-  Claro. ¿Qué es? -Me respondió.
-  Es que nunca he entendido muy bien cómo es posible que una pareja que se ve desnuda todo el día después se puede "motivar" para mantener relaciones sexuales. Para mí, una gran parte de la excitación previa es el hecho de ver mi pareja desnuda. Y si la estoy viendo todo el día así ...
-  Hay otras formas de "motivación" como dices: la intimidad, las caricias ...
-  Sí - le respondí - Pero es que, para mí, esto también es una parte de tener una relación sexual. No lo sé. Para mí sería como si me faltara algo ...
-  Bueno. La mayoría de los matrimonios se están viendo sin ropa casi cada día y, que yo sepa, ninguno de ellos deja de hacer el amor por este motivo.
Tenía lógica. Aunque yo ya hacía tiempo que me había divorciado, recordaba que, efectivamente, una pareja que convive bajo el mismo techo tiene múltiples ocasiones para contemplarse completamente desnuda. Pero todavía no lo tenía del todo claro y le dije:
-  ¿Y tú, de verdad, no te has excitado nunca viendo un mozo atractivo "en pelotas"?
-  Bueno, alguna vez, al principio - me respondió - De la misma manera que tú, probablemente, habrás deseado alguna mujer en la playa o en la piscina.
-  En eso las mujeres tienen ventaja. Vosotras ... digamos ... que no presentáis "señales físicas" muy evidentes cuando estáis excitadas. Y yo me imagino que, tan sólo entrando en el camping o en la playa, me notaría claramente que no estoy "indiferente". Me entiendes verdad?  Además, y hay algo más. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres en "top less" en la playa pero me parece que no sería lo mismo bajo un techo, en un restaurante o en el supermercado. Yo estoy hablando sólo de los pechos al aire. Sospecho que la desnudez completa aún debe ser peor.
-  ¿Y porque no lo experimentas tu mismo? Es la mejor manera de que lo puedas entender.
-  Por varias razones. La primera es que, como te decía, no sé si seré capaz de conservar una ecuanimidad viendo mujeres desnudas. La segunda, que me da vergüenza presentarme solo en un lugar así.
-  De la primera razón te puedo decir que no lo sabrás hasta que no estés en el ambiente. La segunda es fácil. Ven conmigo - se ofreció - Yo tenía que ir con una amiga italiana pero ayer me llamó por teléfono para decirme que le han adelantado las vacaciones y no podrá acompañarme. Y, a pesar de que estoy acostumbrada, a mí tampoco me gusta la idea de ir sola.
Estuve  a punto de atragantarme con la bebida que me estaba tomando en esos instantes. Repliqué débilmente:
-  Es que no tengo tienda ni ningún tipo de material de acampada.
-  Si, eso es un problema. Yo sólo tengo una "canadiense" pequeña y estaríamos bastante incómodos los dos. - Dijo ella como pensando en ella en voz alta - Pero hay una solución. En el camping este alquilan "bungalows" y supongo que todavía quedará alguna de libre.
No sabía qué hacer. Aunque persistían mis miedos no tenía ningún tipo de planificación para el verano y me estaba empezando a gustar la idea de pasarlo con Eva. La idea de dormir los dos desnudos, en un espacio reducido, me estaba causando sofocos.  "Aunque fuéramos vestidos - pensé - una mujer como esta no se va de vacaciones con un hombre sin aceptar la idea de hacer el amor con él. Y, encima, iremos sin ropa ". A esas alturas yo ya tenía una erección más que considerable.

Me decidí:
-  Me está empezando a gustar la idea. Ahora, no tiene ningún sentido que tú pagues por una parcela mientras que yo, seguramente, dispondré de espacio más que suficiente para los dos ...
-  Tienes razón - me concedió ella - Pero si ya te has decidido lo más importante es que reserves cuanto antes. Dame tu teléfono y te llamaré para darte el número del camping.
Al día siguiente ya estaba hablando con uno del "camping". Quedaban dos "bungalows" y, según la persona con la que hablé, había tres tamaños y los que estaban reservados eran los más grandes, de dos o tres habitaciones; quedaban los pequeños.  Me recomendó que visitara su página web donde encontré, incluso, planos del recinto y como llegar. 

No había indicación de cuál era la escala del dibujo pero no me parecieron tan pequeños como me había supuesto. Había una sala de estar, con dos sofás que se podían convertir en cama, una cocina y un pequeño aseo con plato de ducha. Esto me gustó. Uno de mis mayores recelos era el de tener que compartir lavabos y duchas con desconocidos. Había, también, un dormitorio con una cama de matrimonio y dos habitaciones más pequeñas. Hice la reserva  e hice la transferencia desde mi ordenador por el importe que salía. Me jodió que no hubiera módulos de una sola habitación pero, como no podía hacer nada, acepté pensando que Eva no habría hecho la invitación sin ser consciente de que habría sexo entre ella y yo.

Durante las semanas que faltaban hasta el mes de agosto, salimos juntos un par  o tres de veces solos. En una de estas salidas fuimos al teatro y, después, a tomarnos unas copas. En otra ocasión fuimos al cine y, después, a cenar. Había crecido notoriamente la intimidad entre nosotros. Yo sabía bastantes asuntos de su vida y había explicado, también bastantes, de la mía. Eva, cada vez, me gustaba más. No sólo era hermosa sino que tenía, además, un magnífico cuerpo además de ser simpática y tierna. Desde el comienzo que me cogía por el brazo con toda naturalidad provocando, en mí, sensaciones indescriptibles con el roce de sus pechos con mi brazo. Y aceptó, también naturalmente, que yo la cogiera por la cintura mientras paseábamos.  No llegó a más que una despedida con un fugaz beso en los labios y con la negativa de ella, diciéndome que tenía que trabajar al día siguiente temprano, al ofrecimiento de subir a mi casa a tomar una copa. 

Pasé todos esos días imaginando como sería el hecho de estar desnudo entre gente que también iba. El pensamiento de mujeres estiradas tomando el sol y mostrando, sin duda, su sexo, me excitaba. Y tenía serias dudas de poder conservar la frialdad en aquellas circunstancias.
Por fin, el gran día, llegó. Fui a buscar a Eva a su casa con mi coche. Cargué su maleta y una bolsa de viaje y nos dirigimos hacia allí. El "camping" era tal y como me habían contado por teléfono: una maravilla. No sólo por la situación sino por sus instalaciones, nuevas y bien tratadas.
Tan pronto tuvimos atravesada la barrera de acceso, yo ya tenía un cosquilleo en la barriga. En recepción, gracias a Dios, había una chica (no muy agraciada) totalmente vestida y un hombre mayor, éste sí, completamente desnudo. Le pregunté a Eva el porqué de aquella situación y me dijo que, normalmente, los que trabajaban siempre iban vestidos. 

Después de inscribirnos, el hombre, cogió una pequeña motocicleta y nos llevó a la zona de "bungalows", apartada de la playa pero cerca de la piscina descubierta (hay que decir que había una cubierta) y del restaurante.  A medida que íbamos tirando, poco a poco, y detrás de él , me fui tranquilizando. En lugar de preciosas mujeres que había imaginado en mi calentísimo cerebro, había gente normal, como la que te puedes encontrar en cualquier lugar. Bastantes hombres y mujeres maduros, algunos casi ancianos. Muchos pechos colgando, pene flácidos, barrigas no precisamente planas (tanto en ellas como en ellos) y más de uno o dos pares de muslos o culos corrientes desnudos. 

Al fin y al cabo, nada que me excitara especialmente ... hasta que, en un momento todo cambió: tuve la visión de una chica, como de entre dieciocho y veinte años, muy bien formada y con unos pequeños pechos cónicos, que entraba a cuatro patas dentro de una tienda mostrando su vulva y su ano desde atrás. Toda mi tranquilidad se fue al traste y noté como mi pene crecía cada vez más dentro de mi pantalón.
Me quedé sorprendido de la amplitud interior de la "vivienda" que, vista desde fuera, no lo parecía. Y había un espacio delante, con un parasol en el centro de una pequeña terraza elevada desde la que se veía un buen trozo de "camping", piscina incluida. El hombre nos explicó que ese espacio era para uso exclusivo nuestro. Nos dio las llaves y se fue.  Había solo un armario, situado en el dormitorio grande. Deshicimos las maletas y, más mal que bien, conseguimos poner todo el equipaje allí dentro. Me quedé sorprendido de la cantidad de ropa que ella había llevado ya que iría, la mayor parte del día, desnuda. También vi como ponía su ropa interior en uno de los cajones.

Llegaba el momento de la verdad así que la dejé sola y me fui hacia la habitación pequeña a guardar mis maletas y bolsas. No habíamos hablado en ningún momento del tema sin embargo, el hecho de tener todo nuestro equipaje en un solo armario sugería, claramente, que deberíamos dormir juntos y la anticipación de ver su cuerpo desnudo me llevaba a una gran erección que, de hecho , no era nada apropiada en aquellos momentos.  Me entretuve buscando algo en la nevera, para hacer tiempo. Llené unas cubiteras con agua, para hacer hielo. Y, al salir, la vi salir del dormitorio. Se me cortó el aliento.
Una cosa es percibir, más o menos, las formas de una mujer vestida y, otra bien distinta, verla completamente desnuda.  Sus pechos eran altos y firmes, sin necesidad de sujetador. Tenía la cintura estrecha, una preciosa cintura y unos muslos muy bien formadas. Mi vista fue, inconscientemente, a su pubis. Tenía depilados las ingles y, el poco pelo corto, llegaba hasta el inicio del hundimiento de su sexo. Noté que mi erección crecía aún más.  Por si era poco, ella dio una vuelta sobre sí misma, sonriente, para que pudiera observar todo bien. Una espalda perfecta, unas nalgas redondeadas. Y, entre sus piernas, pude distinguir un poco más de su vulva.  Me miró con una sonrisa picante:
-  Desnúdate y te espero en la piscina - y se fue -.

Sólo me quedaba una posibilidad si no quería aparecer por primera vez delante de ella con mi polla en posición totalmente horizontal. Entré al baño y me masturbé enérgicamente terminando casi enseguida con la excitación que llevaba. Después me desnudé, cogí una toalla que me colgué del brazo tapando mi miembro, ahora laxo, y salí al exterior.  Por el camino me iba tranquilizando cada vez más. La gente no se fijaba especialmente en mí e, incluso, me atreví a colgarme la toalla del hombro. Pero cuando entré en el recinto de la piscina la volví a poner en la posición inicial. Ya no me importaba que aquella gente desconocida me viera en pelotas pero sí aparecer ante Eva; aquello era otra cosa.  Estaba sentada sobre la toalla que había tirado en el suelo. Se estaba aplicando crema protectora por todo el cuerpo y, afortunadamente, tenía las piernas juntas. Cuando alzó la vista y vio el detalle de mi "pantalla protectora" volvió a sonreír, como la última vez:
-  ¿Quieres decir que no quedará raro que te sientes en el suelo llevando una toalla colgada del brazo? ¡Venga! No seas tímido y compórtate con naturalidad. Tragué saliva y estiré la toalla en el suelo. Ella no apartó la vista. Para más inri sonrió más y me miró, estudiando, la entrepierna:
-  Estás muy bien dotado ...
- ¿Pero, no me habías dicho que la desnudez es natural y que nadie se fija en nadie? - Le dije irónicamente -.
-  Si, pero, de hecho, tu pene es una parte más de tu cuerpo. No es diferente hablar del tamaño de tus genitales que, por ejemplo, de la forma de tu nariz.
-  Pues, si quieres que te diga, tienes un cuerpo precioso - dije reclamando justicia - Pocas veces he podido ver unos pechos tan bien formados. Me encantan tus muslos y, además, tu coñito es una maravilla. - Se puso un poco roja -.
-  Tampoco hace falta que seas tan gráfico - y, después me dijo un poco arrepentida - Perdona. Creo que me he pasado. Entiendo que estés un poco cortado siendo, como es, la primera vez que te desnudas en público.
-  ¿Cómo lo pasaste tú la primera vez? - Le pregunté ya más tranquilo y habiéndome pasado ya todo el enfado -
-  Un poco como tú - sonrió - Yo también llevaba una toalla doblada bajo el brazo que me tapaba el pubis. Y me costó mucho rato decidirme a tumbarme. Liliana, la amiga italiana de quien te he hablado alguna vez, me obligó a quitármela. Después, con el tiempo, te acostumbras y ya no te provoca ninguna sensación.
Por entonces, yo estaba acostado a su lado pero evitaba mirarla fijamente, paseando la vista por los demás ocupantes de la piscina que, como en el momento de la llegada continuaban siendo gente normal. Pero, cada vez que mi vista se ponía en alguna mujer tumbada, apartaba rápidamente la mirada que se me iba directamente a la entrepierna, como si tuviera vida propia. Al final, ya, me dediqué a mirar los árboles y tranquilizarla bastante. Pensé que lo peor ya había pasado. Pero no, estaba equivocado.

Un rato después Eva se levantó sonriendo y moviendo las manos. Entonces llegaban una pareja joven. La chica era, sólo, un poco más baja que mi acompañante y estaba un poco rechoncha, para mi gusto, con unos grandes pechos - sólo caídos debido a su tamaño - y una abundante masa de pelo oscuro en su pubis. Era el cuerpo más bonito que había visto hasta entonces, aparte del de Eva, claro. Me levanté rápidamente y no sólo por cortesía. Estirado tenía una visión bochornosa de mi sexo y, cuando Eva nos presentó, la chica se acercó para darme un beso en las mejillas restregándome sus tetas al aire contra mi pecho. Vi crecer mi pene rápidamente pero, por suerte, no quedó completamente horizontal, sólo se alargó, y basta. Asombrado me decidí por la fuga:
-  Yo me iba a bañar ...
-  Ve tú, que yo ahora iré - me dijo Eva.
El agua fría apaciguó, rápidamente, mi acalorada y, después de un par de largos de piscina, decidí que ya debía estar suficientemente "presentable" y salí del agua. Volví al lugar donde, ahora, los tres estaban sentados y charlaban amigablemente, y yo, a la vez, también me senté evitando, cuidadosamente, mirar más abajo de los hombros de cada uno de ellos.  Eva interrumpió la conversación para hacerme entrar:
-  Ana y Luis son amigos míos. Hemos coincidido ya, con este, dos veranos en este "camping". No sabía que vendrían y nos estamos poniendo al día de las cosas que han sucedido durante este año.
-  Es la primera vez que vienes a este "camping"? - Me preguntó él.
-  Es la primera vez que voy a un "camping" - le respondí.
-  Y la primera vez que practica el nudismo - añadió rápidamente Eva.
-  ¿Y qué te parece la experiencia? - Me preguntó Ana.
Decidí ser sincero y le dije:
-  Pues si quieres que te diga la verdad, me da un poco de cosa ir desnudo y ver los demás en la misma situación. Pero creo que me estoy acostumbrando.
En esto que el Luís miró el reloj y nos dijo:
-  Es la hora de comer. ¿Le parece bien que vayamos juntos a comer al restaurante? - Ofreció.
-  Por mí me está bien - respondí de inmediato.
Estaba deseando que todos tuviéramos los genitales bajo el mantel y dejar de preocuparme por donde situaba la mirada.  Extrañado vi que no iban hacia el restaurante y que Eva iba hacia el bungalow. Así que, respondiendo a mi silenciosa pregunta, Eva me dijo que al restaurante aquel había que ir vestido.
El almuerzo fue muy agradable. Eran una pareja encantadora y, enseguida, me sentí muy cómodo con ellos. Él insistió en pagar la mitad de la cuenta y, por fin, salimos del restaurante. Hacía un bochorno impresionante y ya era casi media tarde. 

Ana y Luis se despidieron:
-  Vamos a hacer la siesta que esta noche queremos ir a una discoteca que hay por un pueblo de por aquí cerca. ¿Te apuntas? - "Unas horitas vestidos" - pensé descansado.
-  Por mí de acuerdo, si a Eva le va bien, claro - respondí.
-  Perfecto - añadió Eva.
-  Bueno, entonces, hasta luego.
Otra vez nos quedamos solos. Y yo estaba deseando, cada vez más, fallármela y estar con ella a solas, allí, e nuestro alojamiento. Tomé la iniciativa.
-  Yo también quisiera dormir un rato hasta que pase el calor más fuerte. ¿Vienes o quieres hacer algo más?
-  Quería tomar el sol un rato. Pero si tú quieres dormir, hazlo, no lo dejes de hacer por mí - me respondió.
Me cagué en unos cuantos santos, por dentro, y decidí variar la estrategia:
-   De hecho, supongo que en la piscina, bajo una sombra, también podré dormir. Te acompaño.
Nos desnudamos en los vestuarios de la piscina guardando la ropa en una taquilla. No dormí nada. Al final, me tumbé al sol con ella y charlando, pasamos la tarde bañándonos de vez en cuando. Más tarde ella me dijo que se iba a duchar y a vestirse para salir.  

Por fin nos vimos en "bungalow". Entró primero en la ducha dejando la puerta entreabierta. Sentía caer el agua y después de un rato de silencio, el ruido del secador de pelo.
De repente se paró y dijo:
-  ¿Por qué no pasas tú a ducharte mientras yo me seco la cabeza ?
El espacio era reducido y, al pasar cerca de ella, no pude evitar (aunque tampoco lo intenté mucho) frotar mi cuerpo con el suyo, mi polla por su culito, que me provocó otra erección. Vi su sonrisa reflejada en el espejo pero no dijo nada. Casi a la vez que yo ponía en marcha el grifo ella apagaba el secador y salió de aseo.  Cuando, una vez ya secado, entré en la habitación, me la encontré aplicándose un "after sun" por los brazos. Y, por primera vez, tuve una visión completa de su sexo entre las piernas dobladas. Y mi polla volvió a crecer sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.
Ella me miró y observando claramente mi erección me dijo:
-  Acaba de ponerme la crema que yo te la pondré luego a ti. Tienes que protegerte las nalgas que es la primera vez que las expones al sol. He visto que las tienes muy blanquitas.
Me arrodillé detrás de ella, sobre la cama y, cogiendo el bote y poniéndome crema en las manos, empecé a frotar la espalda y el culito hasta donde me permitía su postura.
-  Si te estiras boca abajo - le dije - podré ponerte por detrás.
Ella obedeció. Me puse sobre sus rodillas y, durante unos minutos, acaricié, con mis manos lubricadas, sus nalgas y la parte trasera de sus muslos. Al final de su culito, los movimientos de mis manos separaron las glotis permitiéndome contemplar el agujerito de su ano. Mi erección era ya completa. Pero no me importaba.
Cuando terminé le pedí:
-  Si te giras continúo con el resto de tu cuerpo ...
Ella se giró. Tenía las mejillas ligeramente rojizas y los ojos cerrados. Sin vacilar, me dediqué a sus hombros y sus pechos - los pezones de los cuales se pusieron como piedras bajo mis manos -, su barriga, la cintura, los muslos ...
Entonces ya tenía la polla totalmente en horizontal , en la medida máxima. Separé, lentamente, sus piernas pero ella me lo impidió. Entonces las alcé y empecé a acariciar el sedoso interior de sus muslos. Ahora tenía una visión perfecta de su sexo, ligeramente entreabierto por la postura. Después de dedicarme ya hasta sus pies estaba a punto de continuar por su coño pero ella se incorporó.
-  Estírate tú, ahora, boca abajo que te pondré la crema. 

Hice lo que me decía. Durante unos minutos tuve la maravillosa sensación de sus manos acariciando todo mi cuerpo. Cuando noté que estaba por mis nalgas estuve a punto de correrme. Después de notar que ya llegaba a los pies me volví sin que ella me lo dijera, quedando boca arriba y mi verga apuntando al cielo.  Ella, tal y como había hecho yo, se puso de rodillas sobre mi dejando su precioso sexo peligrosamente cerca de mi polla templada.  Empezó a hacerme un masaje por el pecho mientras que mis ojos observaban  sus hermosos pechos moviéndose al ritmo de sus brazos, con su coñito entreabierto entre sus piernas separadas. Muy decepcionado, evitó cuidadosamente tocar mi pene y mis testículos aunque sus manos llegaron al principio del vello púbico acariciándome el interior de mis muslos. Finalmente, apartó el bote de crema y se quedó mirando fijamente mi erección. 

Melosamente me dijo:
-  Tendremos que hacer algo con eso. Sería escandaloso que salieras aquí afuera así.
I, acurrucándose sobre mis piernas, se puso la polla en la boca y empezó a moverse arriba y abajo provocándome sensaciones indescriptibles. La dejé hacer durante un rato disfrutando de la presión de sus labios alrededor de mi verga. Cuando noté que era inminente la eyaculación, la aparté estirándola dulcemente sobre la cama.  La besé profundamente en los labios. Su boca entreabierta permitió que mi lengua jugara con la suya mientras mis manos acariciaban amorosamente sus pechos.
Besé sus párpados cerrados, sus pómulos y las comisuras de los labios. Después fui descendiendo cubriendo de pequeños besos todo su cuerpo evitando sus pechos. Después de besar los muslos y las piernas subí, otra vez, atrapando uno de sus pechos alargándolo con los labios. Estuve lamiéndolo y chupando unos instantes y pasé a hacer lo mismo con el otro pecho.  Ella, en algún momento, me había cogido la polla y la acariciaba llegando, incluso, a mis huevos cosa que me tenía listo para eyacular.  Me puse entre las su piernas, las separé y abrí su vulva con los dedos. Empecé a lamerla de abajo a arriba. Ella tenía las manos entrelazadas con las sábanas y alternaba su ruidosa respiración con pequeños gemidos cada vez que mi lengua rondaba su clítoris que resaltaba, hinchado, entre los pliegues de los labios menores.  Pude percibir perfectamente su orgasmo, largo e intenso , mientras que su boca exhalaba pequeños gemidos de placer.  La dejé descansar un rato mientras volvía a besar toda su cara y mi boca atrapaba, hambrienta su lengua.  Le coloqué dos almohadas bajo las nalgas elevando, así su coño a la altura conveniente. Entonces empecé a acariciar, con mi glande su sexo abierto y otra vez con mis dedos. De vez en cuando introducía mi pene dentro de la apertura, sólo unos milímetros, realizando movimientos circulares en la misma entrada de la vagina, húmeda y lubricada. Eva volvió a iniciar sus gemidos que eran cada vez más audibles.
Noté otra vez que yo estaba a punto de terminar todo y que quería prolongar, todo aquello, un rato más. Volví a inclinarme sobre ella repitiendo el recorrido con mis labios por su rostro. Pero ella estaba muy excitada. Me cogió la polla con las manos y se la introdujo en su vagina mientras levantaba el coño para que pudiera hacer más profunda la penetración. Y empezó a vascular la cintura mientras sus manos apretaban mi cuerpo contra el suyo.  No pude resistir mucho tiempo. Noté como mi semen fluía por su interior y enormes espasmos de placer recorrían todo mi cuerpo. El fin de mi eyaculación coincidió con el principio de un nuevo orgasmo de ella y a juzgar por sus gemidos, el disfrute fue más intenso que el anterior.  Nos besamos intensamente con mi pene todavía dentro. Entonces, sujetándola por las nalgas, rodé sobre la cama, tirando de ella sobre mí sin que mi pene dejara el confortable y cálido alojamiento.
El sudor de los dos se mezclaba entre nuestros cuerpos, con su ligero peso sobre mí, mis manos alrededor de su cintura, sus brazos en mi espalda ... todo era un nuevo placer, que no quería que se acabara nunca .

Alzó ligeramente la cabeza y, mirándome con los ojos cerrados y una sonrisa en los labios:
-  ¿Lo ves como puede haber sexo en una pareja que se está viendo sin ropa todo el día? No me sirve todavía la experiencia. He estado todo el día tratando de controlarme. La visión de tu cuerpo me vuelve loco y, para conseguir que salga desnudo ahí fuera cada día, tendrás que dar dos o tres sesiones de estas cada día. Una por cada vez que tenga que salir en pelotas de aquí...




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