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martes, 7 de mayo de 2013

Días extraños



Hoy es un día extraño, o tal vez sea un día en el que me siento raro. Hay veces que el Universo te da lo que necesitas, a migajas, pero nadie dice por qué te quita lo que también necesitas. Ha habido una serie de circunstancias, seguidas y entrelazadas en las que como resultado, económicamente, este mes va a ser duro para mí, y al mismo tiempo, también he recibido noticias con  perspectivas, realidades, pues están confirmadas, que van a hacer que a partir del mes que viene lleguen para mí las vacas gordas. Una de cal y otra de arena.
Días extraños. Para colmo, venía andando por el bulevar de La Serrería y atravesando un parque vi a un niño llorando y a su madre desconsolada Un balón, una simple pelota se había quedado colgada en un árbol de difícil acceso. La gente miraba esperando que un golpe de aire de poniente la hiciera caer. Pero… allí estaba yo, cual príncipe rescatador de doncellas y matador de dragones. ¿Quién me meterá a mí en estos líos? Yo solo, nunca he necesitado a nadie. Doy pues un salto a la rama más próxima, balanceo mi cuerpo hasta que con las piernas consigo enrollarme en la siguiente y más alta y consigo alcanzar el balón. ¿Por qué todo esto? Pues un reto a mí mismo, ver y probar mi estado físico. Me gustan los retos. El balón no lo valía, el niño si… y la madre.
Días extraños. En un ambiente que me era totalmente hostil he conseguido el respeto y el aprecio de todo el mundo. Sin prisas, siendo solo como yo soy. Hoy he escrito en Facebook, “Hoy estoy como cuando Dios me trajo al mundo, sin novia y sin dinero” El dinero estará resuelto, pero ¿y la novia? O amiga íntima, coleguita o como quieran llamarla… No quiero devorar calendarios, como he dicho en un poema escrito esta mañana. Quiero amigos o enemigos, pero no interrogantes.
Días extraños. Los días extraños son incognoscibles. Los días extraños me abandono en el vaivén de silencio. Los días extraños me desencanto y me encanto. Los días extraños no me entiendo, no me importo. Los días extraños arañan y curan. Los días extraños llegan sin avisar y entran, siempre entran. Los días extraños soy yo cuando me siento insensible al ruido.
Hace tiempo que me pierdo; que me encuentro en ninguna parte. Hace tiempo que he callado todos los gritos que, en silencio, han desnudado cicatrices. ¿Y ahora? ya no sé qué hacer ahora. Ya no sé si no sé nada, o si lo que sé no tiene importancia. ¿Es necesario responderse?
Como siempre, tan acostumbrado, termino en el mismo apagón de llanto. Llanto silencioso e invisible. Ya no lloro, pero cuánto he llorado… El peor llanto es la sequía y estoy seco desde hace mucho tiempo.
Algunos días quiero escapar lejos. Lo más lejos posible. Creo que lo más lejos posible no será lo suficientemente lejos. Otros días quiero quedarme y anclarme en estos sitios, tan vistos, tan cegados. Lugares tan ausentes de algo nuevo. Y después de esos "algunos" y esos "otros", hay una tercera clase de días: los días extraños. 
Soy la necesidad de saltar por el precipicio de romper viejos miedos. Soy la indecisión del cambio. Hace tiempo que no me entiendo. ¿Me habré convertido en mi pasado? 

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