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miércoles, 17 de abril de 2013

Recordando el silencio





Hace unos minutos he despedido a mi hija que se iba a hacer un “bolo”, que es como se dice en el argot teatral a una representación, a Madrid. Me llamó esta mañana para que le hiciera unas fotos de cara al mar, para su book a lo que accedí encantado. No es la primera vez, hace algunos años le hacía fotos para sus reportajes periodísticos. 
Es muy agradable que hoy en día todavía uno de tus hijos te llame porque te necesita. Es muy agradable sentirse necesitado por ellos. En definitiva… es muy agradable sentirse necesitado por alguien aunque a veces no sea la persona que tu quisieras que fuera.
Si hay algún sonido que nunca he querido escuchar, por parte de alguien, es el del silencio, aunque tengo la certeza que un día lo romperá.
Recuerdo, en la vibración cálida y acogedora de tu cuerpo desnudo, mis necesidades más vulnerables, mi intimidad más inconfesable. Cuando me hablabas en ese castellano traducido y quieto que hicimos nuestro, inconscientemente buscaba mi nombre en tus labios para sentirme amado desde dentro, enteramente, sin fisuras. Como una ofrenda, o quizás como un aliento, estaba a tu lado.
Adivino hoy, con la lucidez inequívoca de la intuición, la ternura de unas manos que me acarician; unas manos llenas de ti y de mí, de estar juntos. De voces infinitas, de vísperas, de mañanas, de amor, de cielo de medianoche. También de ausencias. 
Hace una humedad agradable esta mañana: humedad de barcas silenciosas en la piel.
Hay miradas escondidas en las noches que tú no estás…



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