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viernes, 12 de abril de 2013

La soledad y la esperanza



En medio del mundo, en el trasiego del mundo, en medio del mundo,
pero al final solo.
En medio de todos, rodeado de todos, en vuestro corazón,
pero al final solo.
En medio del mar, en brazadas lentas, acompañado siempre de olas,
pero al final solo.
En medio del bosque, del brazo de las fragancias más tiernas,
pero al final solo.
En medio de muchos, para bien o para mal, ignorado o querido de muchos,
pero al final solo.
Al nacer y al morir, dentro y fuera de mí, de día y de noche, a la postre siempre solo.
Pero cuando la soledad deja de ser oscura y se vuelve como la luz del mediodía, es cuando me doy cuenta de que no estoy solo.
Hay una soledad que enamora.
Un lugar en el mundo que huela a tierra mojada, que tenga un alcance muy grande, como un espejismo... que no lo encarcelen las puertas ni los tejados
que sueñe y que lata con mi corazón a la par del de los demás, que entierre canciones de guerra, que ahuyente los miedos y las desesperanzas... 
Un lugar en el mundo donde poder estar. No sé si existe, si lo encontraré, si es a tu lado o dentro de ti o envolviendo todas las cosas... pero no me cansaré de buscarlo, si existe… lo encontraré.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Maravillosa soledad, el poder de hacer y deshacer tal cual te encarte. Soledad que respira al ritmo del adorable silencio que habita en las cosas que te rodean y baila al son de lo más íntimo de ti.

Un beso