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viernes, 26 de abril de 2013

Irrenunciable identidad


No fui yo quien se encajó un corazón en el pecho
y lo fijó con una flecha;
ya estaba dentro de mí, latiendo... 

No fui yo quien escogió la vuelta 
de las canciones de cuna, 
ni el tono meloso de la voz que las cantaba; 
ya estaban en el viento... 
Y aquí están, entrelazadas bajo la piel, 
guardadas por mí siempre, 
entre el alma y el corazón. 

No fui yo quien se inventó
 el árbol, ni el sol ni los montones 
de los dibujos de infancia; 
ni sus colores rojos y amarillos, 
colores de tierra; 
ya estaban en los reflejos del agua... 

¿Por qué me preguntas, pues, 
que reniegue? 

No soy yo quien ha elegido 
la tripulación, ni la ruta 
en el mar de este viaje. 

No soy yo quien ha encendido 
una luz en el cielo de las noches 
ni la ha salpicado con estrellas; 
y, así mismo, ya me perdería, 
sin la luna, en la inmensa oscuridad. 
¿Por qué me preguntas, pues, 
que renuncie? 

No soy yo quien ha inventado 
las palabras de estos poemas; 
ya estaban los velos de las brisas,
 murmullos de voces ancestrales. 
¿Por qué me preguntas que reniegue, 
si tú, como yo, sabes que no puedo? 
Debo seguir mi camino, 
acepta lo que soy, 
no me pidas que renuncie;
tampoco te lo pido yo.


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