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miércoles, 9 de enero de 2013

Humano



Voy por la vida sintiéndome espectador de mi propia existencia. De hecho siento como si dentro de mí hubiera distintas personas intentando liderar mi rumbo mientras yo observo impertérrito. Por un lado, está el hombre íntegro y respetuoso con los demás; que cree en los valores que le enseñaron sus padres, temeroso de la justicia de Dios y sacrificado en el cumplimiento de sus deberes. Por otro, escalando las paredes húmedas y resbaladizas del profundo pozo de los deseos de mi ser miserable, sacando la cabeza, un segundo hombre siente la brisa de la dulce sensación de la liberación de los patrones de conducta de esta Sociedad corrupta y enfermiza, quiere hacer, sin que nadie le diga cómo, atreverse sin que nadie le diga hasta dónde. Una tercera persona además, sale desde mi alma para buscar el equilibrio y la serenidad, calibrando el amor y la lujuria, la valentía y la temeridad, las ganas de hacer y el egoísmo de hacerse, aflojando por un lado y endureciendo por otro...
A veces quiero hablar pero no sé con quién, quiero encajar mi destino dentro del mundo pero las dudas  me angustian el corazón. Mi yo, quiere ser algo más que un simple espectador y como la fina rama de una espiga doblada al aire, la voluntad se desplaza de un lado a otro sin poderlo evitar. Me sería fácil comulgar con el hombre del medio, aferrarme a él; seguir sus consejos, pisar sus huellas sin tocar nada. Seguro que me mostraría los caminos rectos de la vida… rectos sí, pero planos. No hay subidas, no hay bajadas, todo conformismo, todo establecido. Orden... sí, pero orden al fin. Una vida sin estímulos no es vida... al menos para mí. Quiero sentirme vivo; experimentar el riesgo, el miedo, la lujuria y la angustia... sentimientos humanos al fin y al cabo. Y si Dios no lo quiera, me estrellara contra el muro del maligno, quiero ser capaz de luchar, sentir el cuerpo lleno de heridas y aprender de mis cicatrices. De hecho soy un humano... sólo. 

Sola- Diana Navarro


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