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martes, 22 de enero de 2013

Lluvia de memoria



Llueve. Ha llovido todo el día. Esta es una tarde de sofá y colcha. Y no hacer nada más. Ya basta con la lluvia para aumentar la añoranza que siento por ti. Tengo pereza de rehacer mi vida. La misma pereza que me viene por olvidarme de todo lo que me has ofrecido… de todo tu cariño. Y de toda la ilusión suscitada. De este sueño que debe ser la vida hasta convertirse en una realidad. Ahora no me va bien, sinceramente. Ni ganas. Sopla el viento. Y llueve. Y debe hacer un frío en la calle, que te quitan las pocas ideas de salir de casa. Tan bien que se está en la salita, sin nada más que el silencio. Si tuviera el mando de la cadena de música a mano... Pero me he de levantar para ponerla en marcha. También es bueno el silencio de vez en cuando. 

Llueve. Y parece que no tenga que detenerse nunca, este aguacero. Me medio dormiré con este sonido constante de gotas cayendo sobre los cristales, el chisporroteo lejano de algún relámpago esporádico. Como si el calor del radiador se colara dentro de mi conciencia y me convirtiera en autómata desprovisto de su mecanismo. Acostado en el sofá, con los ojos cerrados, no muevo ni un solo músculo del cuerpo. Sólo el leve movimiento del vientre al respirar pausadamente. Como si alimentara esa pereza que me agobia. Por tu asunto y por la vida en general. Quiero descansar solamente. Sin sueño, por mero placer, si hace falta. Para contrarrestar que no puedo pasar esta tarde contigo. 

Y te pienso. Te añoro. Te beso en mí imaginación, y me aferro a tus pechos. Con deseo de dormir y sentir tu calor. Holgazanear, disfrutándote calladamente. Mientras tanto, llueve. Lo ha hecho todo el día. Y ya no sé si las lágrimas que lloro son también lluvia de la memoria.

Música- La lluvia- Lucía Gil


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