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miércoles, 12 de diciembre de 2012

La Navidad vista por un observador inusual




Habían llegado todos.


Los hombres entraban con prudencia y timidez, mientras las mujeres, se saludaban y charlaban como si no se hubieran visto nunca. Ellos se escondían detrás de algún obsequio para la dueña, ya fuera un roscón, un ramo de flores o una botella de vino que seguro, acabarían bebiendo ellos mismos durante la cena. De esta forma también, evitaban invertir mucho tiempo en saludar aquellas abuelas que siempre les hacían ruborizarse. 
Todo cambiaba cuando, al llegar el comedor, se encontraban todos ellos junto a la chimenea. Relajados, charlaban de fútbol y política, mientras que los más jóvenes contaban sus últimas proezas nocturnas. 

Es de elogiar el papel del ama de la casa. La pobre mujer pasaba casi una semana pensando como cocinar el puto pavo cuando, el día de la comida, entre presentaciones y bienvenidas, se le acababa quemando. Por suerte, siempre estaba a tiempo de retirar las patatas, aceitunas y demás entremeses, a favor de botellas de vino y de cava, y provocar que los invitados, confusos por el hambre y el alcohol, encontraran a ese pavo, un suculento festín. 

De golpe estábamos todos en la mesa. Siempre había quien dividía la mesa en jóvenes y mayores. De entre los jóvenes, claro, siempre se podía encontrar la figura'' del animador''. Éste, no se podía considerar joven, pero seguro que una hora después sería quien, gracias al vino y al cava, animaría a todos los comensales de la mesa a cantar, contar chistes y beber aún más. 

Desde mi posición podía observar, cruces de miradas durante toda la cena. Y más si, de entre todos, la pequeña de la familia que acababa de cumplir la mayoría de edad, estrenaba escote. 
El padre, que había descubierto ese mismo día los atributos de su hija, habiendo frustrado el intento de impedir que lo exhibiera antes de salir de casa, sólo podía intentar evitar cualquier exploración visual que tuviera como objeto los pechos de su hija. 
También pasaba una situación similar cuando alguno de los chicos jóvenes llevaba su nueva novia, pero entonces se añadía la avalancha de preguntas, más comprometidas a medida que transcurría la comida. 

Cada año me toca contemplar esta estampa tan peculiar, y me gusta. Al fin y al cabo, durante estas fechas se hace vida en casa, y siempre sobra comida que luego terminará en mi pesebre. Sólo espero que entre tanta risa y festividad os acordéis de sacarme a pasear. 

Atentamente, un perro observador.

Corrido Hyphy para la Navidad


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