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martes, 27 de noviembre de 2012

Nostalgia



Borra todo lo que ha escrito hasta que el cursor parpadea en la pantalla. Lo que le viene a la cabeza no le motiva para comenzar el relato erótico encargado. Tampoco le aflora la parte lujuriosa. Se tumbará un rato, y al menos aprovechará la sequía creativa para descansar. No es fácil sin embargo, ahora que duerme sola. Se desnuda a oscuras y desnuda, se cuela bajo las sábanas heladas. El escalofrío que siente le recorre el espinazo y le endurece los pezones. Desearía que fueran unos dedos o una lengua con pericia los que provocaran este endurecimiento y se dejaría hacer todo en este momento. 
Separa las piernas y, cuando se quiere dar cuenta, su sexo ya es visitado por su mano derecha, que lo encuentra húmedo y ardiente, receptivo incluso. No reflexiona si es bueno lo que hace esta mano. Por eso, no lamenta que sea ella quien se autocomplazca, sólo imagina que una cabeza se ha instalado en su entrepierna y la lame suavemente. La roza con la palma de la mano de la misma forma que lo hace ahora ella, introduce un par de dedos con una lentitud extrema que la enciende aún más. Y, de un momento a otro, estos dedos pueden transformarse en un pene erecto que la penetrará por sorpresa y con decisión, mientras la boca, que la lamía hace unos instantes, la besa con fruición y deseo. 
Se pellizca los pezones y los endurece más aún con los dedos ensalivados, que se deslizan en los dos frentes que tiene abiertos, que reciben visitas intermitentes, de amante caprichoso que es difícil de contentar. Acelera el ritmo del rozamiento y el número de dedos que introduce en su interior, como si el embate y el tamaño del pene aumentaran, y la sacudida le excita al completo. El chillido medio ahogado es la culminación del orgasmo que ha conseguido en un tiempo brevísimo. Tras unos instantes de reposo y de nostalgia, saca los dedos de su sexo, completamente empapados. Deberá lavarse. Se incorpora y, al dirigirse al baño, la luz de la pantalla en blanco del ordenador ilumina el despachito donde suele escribir. El cursor parpadea todavía. Mañana intentará escribir el relato erótico de nuevo.

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