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viernes, 9 de noviembre de 2012

La incoherencia



La incoherencia es una de las vivencias humanas más enigmáticas. Normalmente las circunstancias nos llevan a sentir y a percibir emociones indeseadas y es por eso que salen los remordimientos. Un simple hecho, una simple situación, una mirada, una palabra, una atracción... son situaciones diarias que nos llevan a vivir y a estabilizar un contexto social que evoca una percepción más allá de la rutina. Cuando las cosas no nos salen tal y como deseamos, o tal y como nuestra imaginación y nuestra mente lo hubiera deseado y planificado, es cuando nos sale la palabra incoherencia, una vivencia que te hace estar en desequilibrio y te crea una desorientación momentánea o permanente en cuanto tu entorno natural, familiar y social. Plantearnos si hemos hecho bien o no, es la típica reacción, y luego es cuando uno mismo se hunde en un mar de desilusión y empieza a meditar otra perspectiva de la vida, una manera diferente de enfocar y huir de la realidad indeseada. De hecho, como humanos, tenemos una capacidad innata de buscar la perfección. Y de hecho, ¿de dónde viene esta necesidad de búsqueda de la perfección? Una posible respuesta podría ser el ideal que nos marca la sociedad. Seguramente esta es una de las explicaciones de por qué el ser humano imagina y envidia una vida idealizada sin problemas y sin contrariedades. Es curioso, porque a veces, yo mismo, me doy cuenta de esta capacidad, virtud o lo que sea, llegando al punto de imaginar no sólo situaciones, sino incluso casualidades incontrolables en la vida real y diálogos. Dependiendo del impacto que ha creado este suceso podemos llegar a extremos tan críticos como plantearnos el porqué de la vida y nuestra existencia. ¿Y que se demuestra con esto? Una inmadurez, una inmadurez que puede ser no viene de uno mismo, sino encaminada por un trauma dado, por ejemplo, durante la infancia o mucho menos atrás. No estamos acostumbrados a vivir una vida con intensidad, sino que nos dejamos absorber por la familia, los amigos, el ambiente donde estamos metidos o incluso una persona anexa que no tiene nada que ver con nuestra vida cotidiana pero que por atracción física o sentimental que sentimos por ella, no somos capaces de comportarnos tal como lo hacemos normalmente. Cuando hacemos una de las gordas, cuando hacemos algo grave que causa un impacto fuerte en nuestra vida y nos arrastra hasta puntos extremos como la necesidad de comenzar de nuevo nuestra vida o simplemente de finalizarla, es cuando no queremos afrontar la realidad y creemos que la realidad nos supera. Después de hacer algo que te lleva a tales consecuencias, necesitamos explicarlo, quizá por quedarnos tranquilos, y para que nuestra mente impetuosa nos deje tranquilos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Todas las sensaciones son necesarias para vivir.

Si no sintieramos no seríamos humanos y no sabriamos apreciar el dolor cuando te duele y el placer cuando disfrutas.

Un beso