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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Este niño... que soy yo.


"El niño llorón" by Bruno Amadio

Acabo de escuchar a Serrat en una lista de canciones en directo, grabadas en mi portátil. Hacía tiempo que no lo escuchaba. Nada más empezar a escucharlo me he dado cuenta de que yo lo necesitaba como el agua la necesita un perdido en el desierto. He escuchado todas las canciones completamente emocionado. Las fuentes de mi interior se han abierto y a chorros generosos han llenado mi espíritu, tan sediento de palabras bonitas, de aquellas palabras que lo son porque sí, sin rendir cuentas. He llorado, he llorado porque si, porque hacía demasiado que no lo hacía, porque hay que llorar para recordar que estamos vivos, para que el corazón no se nos haga de plomo, para poder deshacernos de la coraza que, sin darnos cuenta, nos ponemos cada día al abrir los ojos. 

"De Vez en Cuando la vida, toma conmigo café y está tan bonita que da gusto verla... se suelta el pelo y me invita a salir a escena". No todos los días son así. No todos los días nos levantamos frescos como una rosa, deseando comenzar nuestro trabajo, nuestro desayuno, nuestro amor y no siempre nos apetece mirar al sol co la cara sonriente con esta mueca a la que nos obliga si no queremos quemarnos los ojos. Todos y cada uno de los días que vivimos podrían ser memorables si no fuera por algún hijo de puta que, escondido entre los pliegues de la cotidianidad, está justo para jodernos de verdad. Pero si, a veces, la vida nos viene a ver con un vestido de fiesta y salimos con ella a tomar un café... charlamos, hablamos del pasado, el presente y el futuro, todo aparece con los colores más bonitos, todo encaja y amamos la vida. Incluso le haríamos el amor si fuera físicamente posible. Bien mirado, hacer el amor con esa persona que amas es como hacer el amor con la vida. Pero la vida no siempre se muestra tan condescendiente con nosotros, no siempre concede a capricho lo que queremos, necesitamos y queremos. A veces, la vida nos cobra un precio muy alto por lo que amamos, tan alto que incluso puede hacer imposible que disfrutemos de ella... es en estos momentos cuando nos quedamos aprisionados, en un estuco colosal del que sólo nos podría sacar un terremoto. "De Vez en Cuando la vida nos deja Tirados, chupando un palo sobre una calabaza".

"Seria fantàstic que anés equivocat i que el water no fos ocupat..." Hay tantas y tantas cosas que serían fantásticas... Sería fantástico ser coherente cada día y poder poner en la puta calle al imbécil de costumbre que nos estropea el desayuno. Sería fantástico poder sonreír al cajero del Banco que nos dice que no queda saldo, saludar al barrendero que barre la calle y poder mirar con cierta picardía a aquella chica que lleva la falda corta, porque si, porque la lleva corta y es un placer para los sentidos contemplarla con medida. Sería fantástico poder llamar a las cosas por su nombre, nos recuerda la canción, poder confesar lo que pensamos y sentimos sin temor a ser castigados, sin miedo a que declarar el amor a aquella persona de siempre no significará un auténtico desastre y drama de desconfianza, retraído y alejado. Sería fantástico que la amistad fuera el primer escalón de la escalera del amor, y no una inhóspita vía muerta en la que tan a menudo se queda aquello de "quedamos como amigos"... Sería fantástico ser sin ser, mostrarse sin hacer comedia y aparecer sin dar la nota.

Me gustaría tanto que todo, cada día, fuera así. Me gustaría poder ser así porque, no nos engañemos, ser así completamente, es imposible. Es más, está duramente sancionado, al igual que le cerramos la boca al niño cuando se atreve a decir que tal señora es gorda sin entender que en este mundo no se puede estar gordo, no se puede ser feo, no se puede ser tímido... lágrimas le costará descubrir que casi no se puede ser buena persona y que aquellos que se atreven a serlo pagan un precio muy alto para saber que caminan bien derechos, bien convencidos de su propia sana insensatez. Lágrimas le costará descubrir que poco a poco el amor se convierte en una marca de atún a publicitar, en una negación de todas aquellas cosas que convierten a las personas en maravillosas... descubrirá que amar plenamente es casi imposible y que se parece más a hacer campaña política que a entregarse libremente al libre arbitrio del amor. 

Descubrirá algún día que hay otro juego de reglas, un juego en el que se 'debe saber que también se puede cobrar en negro, como negro también es el amor a veces... que cuando una mujer dice que quiere un hombre generoso, inteligente y sensible, demasiadas veces sólo reconoce lo que es incapaz de mantener, lo que ha puesto para siempre al limbo de los dioses, en un Olimpo de mármol al que no se atreve acercarse , de modo que buscará lo que le hará daño, pero le hará vivir la vida de forma emocionante. Es muy difícil emocionarse con el bienestar, tan aburrido, tan pesado, tan pensado y tan sentido. No, mejor alguien que haga sufrir; sufrir, la única manera que la mayoría de gente conoce para sentir que están vivos. Imbéciles, en definitiva. Imbéciles inocentes. 

Descubrirá algún día que se puede pagar en negro, como negro es también el amor a veces... que cuando un hombre dice demasiado pronto que ama, cuando un hombre es en exceso encantador, puede que sea cierto, como lo cierto puede ser que lo único que quiera sea su cuerpo de hembra. Descubrirá que hay hombres que, una vez usado, no saben qué hacer con un cuerpo de hembra... un cuerpo que contiene una persona que, agradecida por el amor y desde el amor, abraza tiernamente a aquel que cree que la ama. Descubrirá que esta mujer, aquella noche, dormirá sola y traicionada, traicionada demasiadas veces por sí misma, porque ella cree, con buena fe, que todo el mundo puede ser bueno, aunque la vida no se canse de hacerle ver que no es verdad. Este niño descubrirá que el sufrimiento de esta mujer le hiere y le hace sufrir. Y todo por culpa de un imbécil. Imbéciles, en definitiva. Imbéciles inocentes. 

Y este niño se preguntará porqué... por qué todo es así y sólo con mucha suerte podemos encontrar personas que son islas de paz en este océano de caos. 

Este niño siempre he sido yo. Soy yo. Siempre seré yo.

(Los fragmentos citados en este texto han sido extraídos de canciones de Joan Manuel Serrat)

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