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martes, 30 de octubre de 2012

¿Hablar de la muerte?



Ahora que se acerca "Todos los Santos”... perdón, "el día de difuntos"... quiero decir, "Halloween", alguien me ha pedido que escriba sobre la muerte. Yo le he dicho: ¿no quieres que hable del Valencia CF? ¿O que me joda Wert? ¿O de la Leticia Sabater? No, quiero que hables de la muerte, - me respondió -.¡Oh, my god!, - He pensado -.

Hablar de la muerte no es nada fácil. Más que nada porque hay dos opciones y ninguna resulta positiva. La primera es recordarnos lo que nos iguala a los yogures: nuestra fecha de caducidad. La segunda es llevarnos a la mente las ausencias. Quizás esta segunda opción es menos mala, siempre que intentamos recordar vidas y no muertes. Y es que para mí la muerte no es sólo la muerte de la madre de Bambi, o la de Chanquete, o la que casi sufre ET. La muerte para mí es una habitación del Hospital Clínico, y ruidos de enfermeras que entran y salen, y miradas que se apagan. La muerte es cruel, injusta, miserable. La muerte es la peor compañera, la peor aliada, la peor vecina. Y, sobre todo, la muerte es dolorosa. Muy dolorosa. Y en la muerte, lo peor son las palabras, los discursos paternalistas, los consejos nunca solicitados, los golpecitos en la espalda que parecen bombardeos. La muerte debería ser silencio, una mirada, un gesto, un beso, un abrazo... 

Sé que la manera de entender la muerte constituye una manera de entender la vida. Pero esta manera de entender la muerte está muy contaminada por algunas creencias que apuestan por una especie de franquicia de la muerte. Y resulta evidente que nadie tiene las credenciales de posesión de un modo en concreto de entender la muerte y, mucho menos, de entender la vida. 

Por este motivo, prefiero hablar de la vida Porque aunque, Eduard Punset asegure, con su genial sentido del humor, que no está científicamente demostrado que él tenga que morir, la única verdad es que tenemos que vivir. Por favor, no me pidas que hable de la muerte. Quiero pensar siquiera en la vida, en ti, en ella, en su compañía, en el calor de su piel, en el sabor de sus besos... y por qué no, también quiero pensar en el Valencia CF, y en las sonrisas que me provocan Wert y Leticia Sabater. Y quiero pensar en el obsequio de una ventana que me regala un nuevo día, y en un millar de artículos en el Blog, y en los sueños que están por vivir. 

Quizás soy demasiado malpensado pero, cuando me has pedido que hable de la muerte, ¿no querías en realidad que hablara del miedo? Si es así, déjame que recuerde una frase de Woody Allen: “no creo en una vida más allá, pero por si acaso, me he cambiado de ropa interior”.

1 comentario:

Anónimo dijo...


Nacer Vivir Morir

Ya nacistes No estas muerto Entonces ... !Vive el momento!

Un beso