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viernes, 27 de julio de 2012

Porque me atrae lo que enseñas, lo que insinúas , lo que escondes …



Te miro,
con el respeto de la admiración
por la belleza más pura. 

Lo podría disimular, 
reprimir los instintos, como me han enseñado, 
soy dócil por naturaleza, 
pero no puedo ignorar tanta belleza
no sé renunciar a los regalos.

Te miro, sí,
con el respeto de la admiración 
porque me atrae tu elegante andar,
el sonido de tus pasos,
el dibujo de tu cuerpo,
el relevo de tus piernas morenas. 
Porque me atraen tus colores, 
tu figura, tu fragancia; 
tal como la flor atrae la abeja hasta el cáliz. 

Y te imagino desnuda, con mejillas encendidas,
y la sonrisa de tus labios abiertos …

Te miro y admiro, con el respeto del deseo 
porque me atrae el balanceo de tus cabellos 
cuando revolotean al viento caprichosamente 
y descubren tus hombros relucientes;
porque me atrae el olor que dejas en el aire,
el volumen de tus pechos recogidos; 
porque me atrae lo que enseñas,
lo que insinúas , lo que escondes …

Y te imagino, sí,
ante el espejo te imagino 
deslizando los tirantes de tu vestido
hasta que te cae a los pies desnudos. 
Y te imagino acariciándote 
mientras te miras y te admiras. 

Te miro, sí, 
con los ojos cerrados te miro
sabiendo que no eres un sueño. 
Y, con respeto, con manos bañadas de placer,
sueño que te puedo abarcar
bajo las sábanas fieles de la intimidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Te miro. Lo podría disimular. Te miro, sí. Te imagino desnuda. Te miro y admiro. Te imagino, sí. Te miro, sí.

“Te quisiera besar despacito, suave, lentamente. Por detrás en tu cuello, donde crecen tus hombros, por debajo del nacimiento de tu acaramelado cabello.

Quisiera comerme tu boca roja, tus pestañas alargadas, tu nariz redonda, tus mejillas perfectas.

Te quisiera susurrar al oído cuanto me gustas, lo mucho que me provocas en silencio.

Te quisiera decir tantas y tantas cosas, que el infinito ante ti, se quedaría 0”

Un beso