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lunes, 25 de junio de 2012

País...



Me han pasado y he leído un pequeño libro muy interesante que se llama "Aquellos maravillosos años" (Ed. Panorama) escrito por varios periodistas que han sido coordinados por Rafael Anibal. En él se hace una descripción geográfica de los casos de corrupción y despilfarro que hemos sufrido en nuestro país durante la última década. 
Me gustaría afirmar que se trata de una autopsia ya que eso querría decir que esta manera de construir un país ya está muerta. Sin embargo, me temo que el hedor de corrupción, egoísmo, despilfarro, chulería y cara dura continuará esparciéndose por todas partes. Con un solo capítulo es fácil que lleguen muchas preguntas a la cabeza. De ellas, la más importante ya la vez la más evidente, sería: ¿cómo es que la Unión Europea no nos ha dado ya una patada en el culo y nos ha enviado más allá del trópico de Capricornio? Quizás es que el veneno que hemos inoculado en Europa ya es demasiado importante y la amputación de un miembro no resuelve el problema. 
El caso es que, más allá de una crisis económica sistémica, lo que debería estar en crisis es esta manera de relacionarse con las responsabilidades públicas, este virus franquista, casposo, ramplón, perverso, que está ligando a lo peor de nuestro pasado. Es necesario que todos los partidos políticos hagan una limpieza muy profunda de aquellas personas sin vocación por el bien común, hay que actualizar el cuerpo legislativo para agilizar los procesos judiciales que persiguen la corrupción, hay que tratar al ciudadano como un ente inteligente y no como un títere que baila al son de lo que dicen los medios de comunicación cercanos al poder (es decir, la mayoría), es necesario que todos seamos mucho más autocríticos, hay que formar a jóvenes ciudadanos librepensadores que cuestionen con energía el uso del poder que hacen aquellas personas que tienen una autoridad delegada por el pueblo, hay que dotar de herramientas al Estado para que vele por el control de los mercados, es necesaria más cultura democrática, menos patriotismo de feria, menos actitudes desafiantes, menos macarronismo político y, sobre todo, es necesario más coraje colectivo. Sé que muchos de los que lean el párrafo anterior estarán partiéndose el culo de reír. ¿A dónde va el bloguero este? ¿Quién cojones se cree? ¿Limpieza? ¿Cuerpo legislativo? ¿Autocrítica? ¿Control de los mercados? Si estas palabras no gustan, usaré otra: dignidad. Ahora mismo, como país, no somos dignos. Muchos Carlos Fabras, Urdangarines, Millets, Camps, Julián Muñoz e, incluso, el rey cazaelefantes se han encargado de llevar la vergüenza a las instituciones que, supuestamente, representan a los ciudadanos. Por este motivo, si quieres seguir mirando hacia otro lado y gritando aquello de "yo soy español, español, español" cada vez que te chutas en vena un gol de la selección, que sepas que a mí, humilde blogger, no me encontrarás.


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