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viernes, 25 de mayo de 2012

Votar con el sentimiento



No suelo hablar, y mucho menos escribir, sobre política, votaciones, gobierno y administraciones públicas y los que me conocéis bien ya lo sabéis, pero eso no quiere decir que no tenga mis propias ideas y sobre todo mis dudas…
Hoy estoy sentado en un parque, en un fresco banco de obra y alicatado de una bonita cerámica que ayuda todavía más en dar frescor a este rincón resguardado por la sombra de un olmo que no deja traspasar ni un solo rayo de sol.
En estas condiciones y refrescando la garganta con una lata de cerveza mientras me lío un cigarrillo como puedo, son la mente más lúcida… o tal vez no, se me ocurre escribir en mi portátil, estas palabras que me tienen perturbado.
Para conseguir una confrontación bélica lo único necesario es hacer dos bandos. 
De manera similar funcionan los grupos políticos, que sin ninguna intención de aportar sus ideas se limitan a formar bloques herméticos de gente que los defiende fervientemente sin importar los argumentos de este, ni su veracidad. 
Si algo hemos aprendido de las guerras a lo largo de estos años es que son completamente destructivas y que para poder rivalizar se tiene que aglutinar al sector popular. Los grupos políticos de forma idéntica a lo anterior hacen una mala interpretación intencional y sacan provecho de la tendencia natural de las personas de formar grupos. ¿Es esta una forma democrática de trabajar? 
Aunque se que es muy abstracto y complicado de expandir, se puede decir que los grupos políticos se sirven de los sentimientos para acercarse a las personas de la misma forma que un equipo de fútbol. 
Las personas a la hora de decidir qué valores los representan no deberían estar influenciados por ninguna tendencia invasora y hostil, sino que su pensamiento debería ser intrínseco y libre de elementos que lo subyugan y manipulan dando la individuo por respuesta algo inconscientemente subjetivo. 
Hoy, ya que me siento relajado,  haré una comparación más gráfica para explicar con más claridad lo que intento transmitir: 
Dividimos el partido político mayoritario (A) en tres partes: su presidente (a1), el nombre de la institución (a2 ), y las ideas en las que se gobernará (a3). De manera similar ocurre con la oposición (B) dividida en (b1, b2, b3) y el partido C que tiene un número de voto casi despreciable, siendo sus ideas igual de aceptables que las demás, se divide (c1, c2, c3). 
Teóricamente el número de votos debería ser el mismo independientemente del número de cambios que hicimos, de lo contrario podríamos concluir que el método es ineficiente. Cuando me refiero a borrar un término, estaré haciendo referencia a que un individuo perderá por completo la noción de dicho concepto. 
Borra los doses. ¿Cambiaría el número de votos? 
Borrar unos y doses. ¿Serían las votaciones tan predecibles como lo son ahora? 
En cierta forma si hiciéramos esto mientras la gente va a votar se sentiría completamente confundida. ¿A quién tenía que votar yo? Sin lugar a dudas este individuo se sentiría extraño al tener que elegir su voto haciendo uso de los treses y esto es debido a que la gente sufre una cierta manipulación aprovechando la predecible naturaleza de las personas.
Espero hayáis entendido, y si no… pues eso.
Alf.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buenos charlatanes de gran talante y anchuras engranan tal ridículo ejercito. Son una parte más del complejo ecosistema que nos afixia.

Un beso