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martes, 3 de abril de 2012

Mi orquesta



Imagínate que por un momento eres el director de una orquesta. Hay que decir que no es una orquesta cualquiera, esta orquesta es la que constituye tu vida. Cada persona que se cruza en tu camino es un músico, su papel lo decides tú.
Empezaremos por los más evidentes, los solistas. Los solistas variarán a lo largo de tu vida, pero siempre serán aquellas personas imprescindibles y por quienes lo darías todo. En algunos momento puedes tener más de uno, claro que son casos aislados pero tienen la misma importancia y juegan su papel con la misma intensidad, basta escuchar el doble de violín de Bach. Si un día el solista se va, duele, te hace sentir incompleto. Sin embargo, algunas veces eres tú quien decide cambiar de solista, o, simplemente se va perdiendo la intensidad con la que toca su instrumento y lentamente su sonido se confunde con el de los demás miembros de la orquesta.
Otro papel destacado es el de aquellos que conforman las bases de la melodía, los contrabajos, aquellos que nadie siente, pero todo el mundo nota cuando faltan. Serían nuestros padres o amigos íntimos de toda la vida. A veces nos olvidamos que están allí, su sonido decrescendo a lo largo del tiempo, aunque algunos días hace un crescendo y es cuando recordamos su importancia. Estas personas son quienes nos hacen ser quienes somos, y quienes a veces no valoramos lo suficiente aunque siempre han estado allí, pero perderlas supone tergiversar nuestra composición, y comenzar una nueva base melódica.
¿Y aquella gente que nos acompaña una época y luego desaparece? Ellos son quienes componen la orquesta. Y siempre quedan los recuerdos de aquel movimiento de allegro que tocaron en un momento determinado entre cuentos y risas, o el caminante que te acompañaba cuando decidiste que ya era hora de sentar la cabeza. Todos esos momentos te completan y la gente que los componía te regaló  su compañía y compartió experiencias.
Hay que decir que también hay gente que desafina, personas con las que no tienes ningún tipo de afinidad y que nunca tendrán un lugar en tu orquesta, pero si en la de otros.
En la vida sólo se trata de buscar tus músicos ideales e intentar disfrutar de los aplausos que el día a día te regala.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Por muy buena que sea la orquesta, si su melodía no es la sintonía que mueve tu vida, oirás y oirás tocar el violín de mil y una forma, pero nunca sentirás nada. Solo vacio y soledad en el timbre del aire que te acurruques.

Un beso