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viernes, 16 de marzo de 2012

El trato



¿Mi alma, dices que quieres? ¿Para qué? Es igual, no me contestes, ¡no perdamos tiempo! Suena el móvil, ¿oyes? Me tengo que ir, no puedo llegar tarde... ¡vamos al grano!
Te doy mi alma y ya te harás con ella, que no sé de qué te ha de servir, si tú me concedes el único deseo que tengo...
¿Cómo? No, no quiero el amor de los hombres, ¡ahora mismo no me hace ninguna falta! Primero soy yo y mi carrera: ¡no quiero lastras ni frenos!
No, tampoco necesito dinero: ¡tengo y vendrá más! Me lo ganaré trabajando, será todo mío, no quiero a agradecerle a nadie el hecho de tenerlo... ¡No quiero dependencias!
¡Frío, frío! No pido que me asegures el éxito: sola he llegado hasta una altura con buenas perspectivas: soy bastante conocida... a veces puedo elegir... pero no desistiré hasta alcanzar la cima: quiero ser la mejor, ¡la más solicitada! ¡Ascender por méritos propios!
No, no deseo la vida eterna, la prefiero breve pero tal como la he elegido: ¿para qué años y años de martirio en un valle de lágrimas?
Ya vuelve a sonar... me esperan. Iré al grano: lo que quiero de ti, si de verdad eres todopoderoso, no te debe resultar muy difícil, mientras que yo triunfe y sea feliz: ¡hazme delgada!
¿Cómo que qué quiero decir con esto? Ayer vi un reportaje sobre Etiopía... o algún país de por allí... ¡qué envidia, tú! Aquellas mujeres sólo tenían piel sobre los huesos. Nada de savoir hacer , claro, ni experiencia ante la cámara, pero seguro que no tendrían ningún problema en ser elegidas para la pasarela de engaño... o bien quietecitas y maquilladas, para la campaña promocional...
Por favor, ¡no seas vulgar! Ya lo sé, que no estoy gorda, sólo faltaría: Hoy he comido seis pasas, he tomado un batido de proteínas, he bebido dos litros de agua mineral ionizada y una barrita de fibra... aunque sólo tenía que comer media... te demuestro confianza, ya ves, confesándote este secreto, que tú no le dirás a mi representante, ¿verdad? Se pondría pesadísimo... Cada vez que engordo, me regaña mucho y me intimida.
Tras la sesión fotográfica iré al gimnasio, a ponerme en manos de mi entrenador personal; él sabe lo que debe darme, trabaja para la agencia... Por la noche tengo que ir a la presentación para salir en las fotos, pero no comeré nada, sólo lameré algún cubito y bastante... Bueno, a ti te lo puedo decir, ¿verdad? Caerá alguna raya... Por la noche dormiré de un tirón gracias al somnífero, y no sentiré el hambre arañándom las tripas. Mañana me levantaré hambrienta, pero masticaré juiciosamente cada pasa veinticuatro veces, así de claro, mientras sorba el batido. Apenas comeré la barra de fibra, para compensar el exceso de hoy; aguantaré hasta que note que tú cumples tu parte y empiezo a perder peso. Entonces quizás coma algo... Hace tanto tiempo que no pruebo algunas cosas que casi no recuerdo el sabor. Un dado de melón, por ejemplo. La última vez que sucumbí a la tentación, lo vomité enseguida al darme cuenta de lo que había hecho, pero si ahora tú y yo firmamos nuestro pacto, me lo podré permitir.
¿Qué dices? ¿Que esto no te lo habían pedido todavía? No has hablado con ninguna de mis compañeras, supongo... Está bien, tú sácame de encima unos cuantos kilos y yo te presentaré unas cuantas modelos... no quieren su alma para nada: no salen en las fotos, no son un valor que el representante pueda alegar ante nadie, ni los diseñadores les hacen ropa a medida... 
Líbrame de la grasa que yo sé que se acumula inexorablemente bajo mi piel... Hay días que puedo sentirlo, grumo junto a grumo, y me dan ganas de pincharme para destilar fuera aquella purulencia que mi propio cuerpo almacena a pesar de mis amenazas... Hay noches que no puedo descansar, adivinando que cuando quede quieta, el mugre aprovechará el reposo para hacer nido... y entonces ¡bailo y bailo como una posesa!
Líbrame de este infierno, tú que eres señor, que hoy he llegado a los cuarenta y siete kilos y no puedo seguir viviendo ¡con ese peso encima!
¿Cómo se firma el trato? ¿Con un beso? Te doy dos besos... ¡pero sin lengua! Todo el mundo sabe que la saliva del otro engorda.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La vida son un conjunto de paranoyas unas más llevaderas que otras.

Todas juntas y mezcladas de diferentes tipos y formas, comprenden un ser.

Cuando una se desata y sobresale por encima de las demás se rompe el equilibrio. Todo parece rayante.

Pero es inevitable, sin el bullicio del desequilibrio todo es demasiado bonito. Y ojo. Nadie es perfecto. Aunque alquien se lo crea.

Mantener el justo equilibrio de nuestras paranoyas sin rozar la locura de la obsesión en algunas de ellas, sería maravilloso.
Pero imposible.

Un beso