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lunes, 30 de enero de 2012

We choose to go to the moon...




We choose to go to the moon, not because it 's easy, but because it' s hard.
"Hemos elegido ir a la luna, no porque sea fácil, sino porque es difícil" dijo John Kennedy, en 1962 en un mítico discurso ante el pueblo americano. (Universidad de Rice 12 de septiembre de 1962)
No soy ciudadano de los Estados Unidos, pero si había nacido en ese momento, y cada vez que escucho esta frase me brillan los ojos y una llama de emoción se enciende dentro de mí.
Me doy cuenta que a la postre, este discurso esconde lo que en último término somos los humanos, lo que hemos sido y seremos siempre, desde los inicios de nuestra existencia, hasta el último instante de la misma. Somos unos seres que constantemente pensamos retos y los atrapamos con tanta fuerza que nada nos los puede arrancar de las manos. Ni siquiera el tiempo nos puede vencer, porque lo que comienza una generación lo acaba otra y lo disfruta la siguiente. Sí, también somos unos seres fascinántemente contradictorios. Individualmente somos cobardes, pero en sociedad somos capaces de enfrentarnos a cualquier peligro; nuestras vidas de una en una son miserables, dentro de un conjunto apasionantes; nuestra lucha en solitario es suicida, en común es trascendente. Pero a menudo tenemos tantas ganas de llegar a la meta que no nos fijamos en las cosas que hemos sacrificado a cambio… tenemos tantas ganas de avanzar que no nos paramos a mirar si es el camino correcto.
Como dice Kennedy, elegimos los objetivos más difíciles, precisamente porque son difíciles, porque si podemos dar un paso de gigante no lo haremos de tortuga. Hemos subido a la montaña más alta, hemos cruzado el océano volando, hemos inventado los ordenadores y los teléfonos... ¿Y todo esto por qué? ¿Por avaricia? ¿Competitividad? ¿Orgullo? ¿O simplemente porque estamos locos?
Más allá de cualquier dios, nuestra religión consiste en no creer en límites, ni el propio planeta nos puede parar los pies. We choose to go to the moon ya es pasado...
Ahora, ¡a pisar Marte!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay bacterias que viven de la suciedad que otros seres de una poquita más de magnitud segregan.

Viven felices, nada les importa. Todo su existir y acciones están justificadas. Pobrecitas las bacterias, ellas tan pequeñitas e indefensas.

Cara duras, el mundo esta lleno de bacterias pequeñitas, competitivas, avariciosas, vividoras y caraduras.

Un beso