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jueves, 19 de enero de 2012

La mentira (y la ética)



Ya hace tiempo que el sentimiento de indefensión, de angustia, y en definitiva, de temor sobre el devenir de nuestra sociedad me atormenta.
Vivimos en la sociedad de la mentira. La mentira es la gran herramienta social que mueve los engranajes de la política de una sociedad democrática que se basa en el discurso de sus líderes, la dirección que debe tomar el país en base a los votos que se obtengan, motivados obviamente, por campañas engañosas, cuya finalidad es hacer llegar al poder determinantes elementos que una vez apoltronados en sus privilegiadas sillas, se ven en el legítimo derecho de decidir lo que les venga en gana durante el no corto período de 4 años. No digamos, pues, qué pasa en las grandes empresas donde la democracia, no es más que una palabra que convierte hilarante a sus directivos.
Y es que menos miedo me da la mentira, que la falta de ética de quien la practica. Como bien se ha dicho, la mentira nace del acto de la comunicación, y yo añadiría, la comunicación verbal (la no verbal en mucha menor medida), la cual sólo los hombres somos capaces de llevar a cabo. ¿Será por eso que los animales no mienten?
Dicen los socioconstruccionista que la realidad se construye a partir del lenguaje. Estoy convencido. Nuestra realidad, sea en el ámbito que sea, no es más que un constructo social que hemos ido desarrollando a través del lenguaje en un contexto histórico-social determinado, y dinámico.
Quién tiene el poder, tiene una gran responsabilidad. Pienso sin embargo, que el sentido de la responsabilidad, nace de la ética. Y en esto, no vamos precisamente sobrados. Es por ello, que considero que la mentira forma parte de la esencia del ser humano (¿quién no ha dicho nunca una mentira?). La cuestión radica en, ¿qué sentido damos a la mentira en nuestra sociedad? ¿O no? Y por supuesto, qué uso hacemos.
Es en este sentido que a mí las grandes mentiras de la sociedad occidental: Dios, la iglesia, la Democracia, los Derechos Humanos, la Paz mundial, etc, etc ... me la traen al fresco, porque no creo. Porque son palabras hegemónicas, última de las cuales, justifican un montón de acciones que sin ellas, serían absolutamente condenables. Lo que sí me preocupa, y mucho, es que no se respeten estos constructos. Porque es entonces cuando la demagogia toma cuerpo, se convierte en real, y surge la violencia que nos lleva a la perplejidad, la indignación y el miedo.
No me habléis del paraíso (que no existe), y librarme del demonio del hombre.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Exuberante tu post ...

Hipocresía, palabrería y falsedad. Ese es el condimento del guiso que se cuece todos los días en la calle.

Tomemosnos un gran vaso de agua mientras dijerimos ese guiso diario, para que todo ese condimiento picoso y ardiente que contiene, no queme las duras entrañas de algunos, o el alma sensible de otros. Porque siempre quema.

Dientes, muchos dientes y fuerza para seguir luchando con alegría, cariño, armonía, buen humor e inmenso optimismo.

"Que hermoso amanecer tienen algunos animales domésticos o sin domesticar, que aún no teniendo posesiones como los foragidos humanos, son fieles a rabiar ".

Un beso