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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Plato frío



Los días, indiferentes, pasan tan silenciosamente que se confunden entre ellos.
Los rostros, llenos de falsedad y soledad en compañía, engañan burlándose de todo. Rodeado de egoísmo, ignorancia, injusticia, vanidad, soberbia... Absorbido por el mundo, por la misma gente y su vacío, siempre pisando las mismas calles teñidas de hipocresía. Allí donde sólo hay ratas mezquinas que devoran poco a poco nuestro cerebro, dejándonos las neuronas justas e intentando volvernos como todos los demás.
Mi alma grita en silencio ante todo esto, me encoge el corazón y se ahoga en lágrimas que salen húmedas, mientras queman por dentro... Cierro los ojos y los vuelvo a abrir. Pero todo sigue igual. Me quedo aquí, una vez más, con preguntas que ni siquiera tienen respuesta, preguntas que lo único que producen en mí es empaparse más de incomprensión.
Dicen que la venganza es un plato que se debe tomar frío, pero en frío, pienso yo, hay que tener la mente muy corrosiva para tratar de hacer daño a alguien. Doy gracias (y no sé a quien) porque estoy seguro, a pesar de todo lo dicho, que en mi entorno, y en mi mismo sobre todo, no hay nadie con esa mentalidad.

2 comentarios:

hathor dijo...

Vaya....nuevamente,un escrito tuyo me produce desasosiego e inquietud.¿Qué es lo que te está pasando?

Anónimo dijo...

Diferentes grados de temperatura, ahi radica el punto de sabor de cada plato.

Acerquemonos al plato que más nos apetezca degustar en cada momento!

Al que nos emocione ese día!

Al que tengamos ganas de picotear en guerra de tenedor y cuchillo!

Siempre buscando el plato con la temperatura perfecta.

En la búsqueda del plato que más nos satisfaga en cada momento ...

Está el secreto de disfrutar comiendo (y sin quemarnos) lo que queramos y con quien queramos.

Un beso