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martes, 25 de octubre de 2011

Definitivamente... sé lo que quiero



Aprendo a estar solo,
me estoy haciendo amigo de mi soledad espiritual,
de mi propia emoción.
Me estoy reconciliando con ella,
no quiero sufrir, quiero elegir.
Quiero sumergirme en mi interior,
observarme, crecer.
Quiero asumir lo que siento,
no quiero guardarlo, no quiero recóndito del mismo.
Quiero despertar las sensaciones, inquietudes.
Quiero conocer sin filtros lo que soy
y encontrarme individualmente.
No quiero sentirme rechazado por la desconfianza,
ni exagerar un error,
no quiero el perfeccionismo,
quiero aprender a equivocarme,
defiendo mis valores.
No quiero que me erosione la incredulidad,
quiero ser escuchado con una mirada.
Quiero escucharme a mí mismo sin interferencias.
Quiero que el sol me mire, que la lluvia repose sobre mí,
que la brisa se
​​insinue.
Quiero estar presente en cada sonido del silencio,
seguimos siendo viajeros;
el mundo gira vertiginosamente.
No tengo tomado por aprendido, por conocer, lo que no sé,
quiero volver a decir "explicamos un secreto",
para descubrir los puntos suspensivos de cada línea,
de cada disparo.
Quiero aprender a no tener miedo.
Quiero luchar por mis sueños,
entre un latido y otro hay un largo camino.
No quiero acostumbrarme a la dureza del corazón,
no quiero acostumbrarme a sentir dolor;
no importa de donde seas, allá dónde vayas,
hay que vivir el galimatías del hoy sin temor.
Quiero engendrar belleza a mí alrededor.
Quiero vencer los pensamientos negativos.
Quiero sembrar una semilla de la serenidad.
Quiero ser un barco y dominar el temporal.
Quiero ser una luz para quien anda a la sombra
de una ignorancia.
Quiero ser una sonrisa llena de romanticismo
Quiero ser el aliento de la palabra por quien se siente vencido.
Quiero ser una danza encantadora, indefinible
Quiero... Quiero... Quiero...
Me beberé los océanos,
sostendré el peso de una lágrima.
Seré un conjunto de notas.
Seré una progresión armónica.
dibujaré el pentagrama de mi vida
seré la clave de fa, haré silencios
y mis sentimientos marcarán el ritmo.
Y conseguiré jugueteando suavemente con la soledad
que sea un bálsamo para mi cerebro
y como diría Gandhi:
mis sueños no son bagatelas al aire.

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