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viernes, 9 de septiembre de 2011

El Contrato


Reunidos en este relato, aunque sea virtualmente, por un lado el autor del relato (en adelante el autor) y, por otro, el lector que voluntariamente ha accedido (en adelante, el lector ), y reconociéndose mutuamente capacidad suficiente intelectual y cognitiva para comprender sosegadamente el contenido de este relato, ambas partes acuerdan establecer los siguientes pactos de obligado cumplimiento:



 1. El autor se compromete a redactar el relato de una manera culta pero asequible, haciendo uso de un vocabulario adecuado y preciso, y de lo más enriquecedor, pero sin florituras. 



2. El autor pondrá al servicio del lector todos los recursos literarios que su capacidad relataire le permita, para mantenerlo atento a la evolución del relato, conseguir su complicidad, y, en la medida de lo posible, una sonrisa: - )

 3. Cuando lo crea conveniente y necesario, el autor se reserva el derecho de utilizar un diccionario, que puede ser incluso de sinónimos, para encontrar en cada momento las palabras más adecuadas y dar así cumplimiento a la cláusula anterior.

 4. El autor se compromete a terminar el relato sea como sea, antes que el gallo cante siete veces, mal que le pese.

 5. El lector, se compromete a terminar de leer el relato, salvo que por motivos que no vienen al caso lo encuentre aburrido, demasiado largo o sin ningún interés. Sin embargo, en este supuesto, el lector no tendrá derecho a reclamar al autor que le indemnice por el tiempo que haya perdido leyendo el relato.

 6. El lector podrá acogerse al derecho de comentar el relato, en los términos que crea conveniente, eso sí, sin faltar, porque si el autor considera que los comentarios del lector lesionan su imagen o su prestigio literario, podrá marcar el comentarios como ofensivo, al margen de emprender las acciones legales oportunas, de caras a obtener la pertinente rectificación del lector estúpido e ignorante que se haya atrevido a dejarlo mal ante toda la audiencia.

 7. El lector está obligado a diseminar este relato siete veces entre sus conciudadanos más allegados. Si así no lo hiciera, que mal viento se lo lleve. Eso ya pasó: un lector no quiso diseminar el relato, porque le daba pereza hacer el clic y, y al entrar a una librería quedó gravemente literato. En cambio, nos consta que otro relataire que actuó juiciosamente y diseminar el relato tal como manda esta cláusula, pues la empresa Diseminación Artificial le hizo obsequio de un elegante punto de libro, un objeto que le puede llegar a ser muy útil en caso de que un día se decida a leer un libro, como se hacía antes.

 8. El titular presupone que el lector es conocedor de que en el relato hay mucha falacia, mucha tontería como si dijéramos, pero que también se dicen medias verdades y verdades como un templo, A él, el lector, le corresponde de dilucidar esto separando el grano de la paja, tal y como han hecho siempre los lectores de campo, también llamados campesinos ilustrados o agricultores. 

9. En flagrante contradicción con lo estipulado en la cláusula 4, el autor puede acabar de escribir el relato cuando le dé la gana, sin que el lector pueda acogerse al derecho de indemnización por omisión del deber literario del autor

1 comentario:

Hathor dijo...

10.El así llamado lector se reserva el derecho a reclamar del autor el oportuno final del relato,bajo pena de querellas por daños morales y psíquicos al sufrido lector,que espera siempre con paciencia de campesino el alimento del espíritu...