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martes, 2 de agosto de 2011

Temblores


Hay un temblor de hojas que se despliegan
en el aire húmedo, como un presagio de renacimiento,
pero tú sabes, y yo sé, querida mía, que el ciclo
implica la fatal devastación, el aniquilamiento
de todo lo que creemos intocable. No es hora, lo sabes,
de llorar por desconsuelo que ahora nos niega, y por todo
este duelo que se prepara. Guardémonos el llanto
para el irreparable lado malo del precipicio.
En el límite del acantilado, cuando no haya nada más
para atarnos, ni un árbol, ni un boj gastado, entonces
será la hora de conmovernos por las vidas no vividas.
Pero ahora, en medio del fuego y la vorágine del viento,
en el lugar exacto garabateado de colores sobre el asfalto,
jugaremos al juego de nuestra enfermedad, jugaremos
como nunca antes lo habríamos hecho. Eh! Aquí llega
el valor, la fortaleza, en forma de mujer hermosa y fuerte,
cabellos de azabache, ojos de tormenta. ¿Qué te hace
bailar largamente el baile que ya conoces...?
No será lo contrario lo que ya sabes: un negro cielo,
aullidos de viento, llenarte más aún de ternura.

1 comentario:

Hathor dijo...

Trato de comprender,pero algo me dice que esta vez no voy a hacerlo.Quizá porque lo que aquí se refleja no hay que entenderlo,sino sentirlo,o al menos,colocarse en el lugar del que lo siente,y así lo escribe.
En cualquier caso,el título está bien elegido...