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miércoles, 23 de marzo de 2011

Y el día de la abuela, ¿para cuando?


Ayer, como cada día, salí de casa hacia las nueve de la mañana, y noté el aliento del aire fresco que me invitaba a seguir viviendo.

La calle ya desprende mucha vida a esas horas; está lleno de gente que va y viene: jóvenes con sus carpetas repletas que van a la universidad, al instituto, a trabajar..., hombres, mujeres, niños y niñas que van a la escuela , acompañados o no, y, sobre todo, mujeres mayores que dan la mano a niños pequeños o llevan cochecitos. Paso por delante de una guardaría; en la calle hay más mujeres mayores que mujeres jóvenes: ¡son abuelas!, Abuelas que llevan a sus nietos o nietas porque las hijas o hijos trabajan y no pueden hacerlo.
Las mujeres son unos seres muy especiales, suelen estar activas hasta que una enfermedad las inhabilita. Es entonces cuando la familia se hace a trozos porque surgen una serie de problemas que no habían tenido en cuenta hasta que faltan.

Las mujeres han luchado toda la vida, desde que el mundo es mundo, sin pretensiones, procurando que la sociedad, la familia, los hijos, tengan un lugar donde puedan desarrollar sus sueños, sus necesidades, de todo tipo, escuchando sus problemas , sus frustraciones y, cuando son viejas, explicando su pasado y el de la familia, muchas cosas por explicar para qué la historia perdure en el recuerdo a pesar del tiempo y para que los jóvenes sean conscientes de que también ellas fueron jóvenes, y se enamorarón...

Estas mujeres invisibles a los ojos de la humanidad, son mujeres fuertes, hechas de un gran amor y paciencia: son los pilares del mundo. No exigen nada, sólo necesitan una sonrisa y una palabra de calor cuando la vida les da la espalda.

En mi interior tengo muy presente mi abuela, mi madre... mujeres que han vivido una guerra y han sufrido la muerte de sus seres más queridos. Mujeres que han sabido qué era el hambre, la enfermedad, la muerte, la persecución política... En el mundo hay muchísimas mujeres que han sufrido, pero en mi mundo interior está mi familia.

La revolución de la mujer no comenzó hace cien años, comenzó cuando nació el primer ser humano. Allí estaba ella: luchando por la Vida. Y aquí la tenemos: luchando mientras haya vida.

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