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viernes, 4 de febrero de 2011

El vaivén

He aquí el vaivén de un pañuelo blanco intentando acertar con la máxima puntería el corazón del viajero para que éste se acuerde de las personas que sostienen este tejido impoluto. A menudo nos olvidamos del significado que contienen los símbolos, lo que las personas que los sostienen nos quieren decir con estos, tal vez es debido a nuestro egoísmo que sólo nos permite interpretar aquellos símbolos sostenidos por nosotros mismos, pero no los que nos muestran desde el exterior. Al fin y al cabo, los símbolos no serían símbolos si no fuera por los hechos que intrínsecamente conllevan.

Y entre los hechos sucedidos en una serie de paradas y de transbordos por diferentes estaciones de tren, una chica muy graciosa, sentada en el espacio destinado para las maletas (donde figura: «Baggage>>) al inicio del vagón, busca la mirada de un chico, también adolescente, sentado en el mismo compartimento. Él se acerca a ella, la observa y la saluda con la mano, y a continuación rehúye indiferente su mirada descarada de interés, pero sólo por poco tiempo. Él para flirtear le prepara una astuta jugada: pasa por delante y se escapa en el espacio diminuto que queda en medio de dos vagones unidos, ocupado por un lavabo y un pequeño pasillo que permite el acceso al siguiente compartimento. Ambos quedan sólo separados por una espesa capa de acero y una puerta de vidrio automática situada en medio de esta, de forma que sólo se pueden ver si uno de los dos asoma por el espacio transparente de la puerta, pero en ningún caso pueden sentirse. La estrategia del chico da frutos, porque con esta situación aumenta aún más el interés de la chica hacia él, si ésta no era ya entonces suficiente, escondiéndose detrás de la pared opaca del vagón. Vagamente, ella hace abrir la puerta con el botón situado al borde de su hombro, y mira incrédula si su amado se ha escapado irremediablemente por las entrañas del tren o, tal como descubre inmediatamente, permanece al otro lado de la pared. Buscando la mirada que soluciona su duda, y en un primer momento, se asusta al encontrarla, cruzándose la mirada al mismo tiempo, la rehúye como si se tratara de un impulso extremadamente primario, para volver a su posición inicial. Pero poco después, una vez asimilada la situación, vuelve a repetir la acción, sin poder controlar el instinto animal, al menos, hasta la tercera vez. A partir de esta, adjunta al contacto visual el contacto físico dándole pequeñas patadas cariñosas a su pie apoyado en la pared. Entonces él, decidido, la coge a ella por el brazo y la tira hacia donde se encuentra con fuerza, cerrando al mismo instante la puerta automática que separa mi vagón y hasta entonces, el de la chica, al pequeño espacio entre vagones , llevándosela a su guarida.

Él empieza la conversación, y ella responde a su pregunta gesticulando con fuerza, exagerada, en un momento dado se golpea incluso con la puerta automática, y parece que ella le explica de forma divertida un hecho sucedido con anterioridad:
 "Y él se encontraba sentado sobre la mesa, en un momento dado se desprendió de la camisa y luego me desprendí la mía con la máxima rapidez que pude ", ella se agacha y continúa diciendo:" entonces le abrí la cremallera del pantalón y se la cogí con fuerza, tirándole hacia mí” ayudándose moviendo el brazo derecho de arriba abajo para explicarle, y continuó:"y entonces empecé a … con toda la fuerza que pude" y movía la cabeza adelante y hacia atrás, excitada, y siguió realizando este movimiento hasta cinco veces, hasta que empezó a mover la cabeza diagonalmente y diciendo con la boca increíblemente abierta: "y no acertaba con el objetivo, porque él se movía muy deprisa ..., y todo fue muy rápido"  En ese momento se aparta dando un salto hacia atrás "y no pude evitar  ese chorro de vida",  reía divertida. Él la miraba atentamente, con los ojos bien abiertos, sin entender porque le contaba esto pero parecía agradecido por la narración, y me pareció que incluso estaba más excitado que ella, llegados a este punto.

Desgraciadamente, no pude entretenerme más en aquel acontecimiento que podía observar desde mi asiento, porque el tren paró y ellos bajaron en esa estación, y aunque ella parecía dudosa de hacerlo, él cogiéndola de nuevo por el brazo tal y como había hecho anteriormente, la impulsó hacia el exterior, y comenzaron a correr por el andén buscando un rincón que les permitiera huir del interés ajeno, por desgracia mía.

Sentado en mí asiento reía y los demás pasajeros me miraban y vete a saber que debían pensar, pero me divertí durante demasiado tiempo con la situación que se había dado en ese tren, porque no me di cuenta de que aquella estación correspondía a la que yo, y quizás no los dos jóvenes, tenía que bajar. Así fue como tuve que recorrer nuevamente el mismo trayecto, pero esta vez en sentido contrario, realizando un viaje más largo de lo que realmente me era necesario y no sólo un viaje de una sola ida, para poder llegar finalmente a mi destino.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sensual ...

Un beso