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jueves, 13 de enero de 2011

Betty Boop

La literatura se ha ocupado hasta la saciedad de la búsqueda de la piedra filosofal o el elixir de la eterna juventud. No envejecer nunca, vivir para siempre. Conservar la juventud, la belleza, la salud, haciéndose eco de mitos como el de la venta del alma "Fausto". Leyendas como la de las facultades sanadoras del Santo Grial. La transferencia de mentes a otros cuerpos capaces de suplir nuestras carencias.

Los últimos experimentos realizados en la Universidad de Harvard con la "telomerasa" y su papel decisivo en la recomposición de las enzimas que forman nuestro ADN, demuestran que también los mamíferos se pueden beneficiar de procesos de regeneración y rejuvenecimiento molecular.

En principio no saben si el efecto de aplicar estos tratamientos pueden ralentizar el deterioro, frenar o incluso revertirlo. Su sorpresa es mayúscula al advertir que los animales rejuvenecen. Uno de los efectos es que los testículos de los ratones que habían envejecido, hasta perder su función reproductora, se han vuelto a convertirse en pequeñas fábricas de espermatozoides. Es un claro síntoma de rejuvenecimiento.

La especie humana toca fondo. Exterminaciones de colectivos por motivos de raza, religión, ideología, sexo. No puede asumir la explosión demográfica, la falta de alimentos provoca la muerte de los menos afortunados, y con más riesgo de enfermedades, el cólera y el sida se encargan del resto. Las autoridades se han convertido en dictadores para preservar el bienestar de unos pocos.

Centenarios y centenarias con más empuje que sus nietos, saltan, cantan y bailan por las calles "Betty ... Betty ... Betty Boop ... estira ... arruga .. como un yo-yo! ", con los testículos al máximo de producción y los ovarios a pleno rendimiento.

Se detiene la evolución, el declive puede llegar hasta la desaparición de la especie.

Esto es un caos.

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