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domingo, 8 de febrero de 2009

Navajas (vs) Carcaixent

 Puerta Iglesia Navajas (2ºpor la izq arriba, mi menda con 15 años) 

Desde que la memoria se me pierde en  el tiempo yo pasaba mis veraneos en Navajas, un bonito pueblo del Alto Palancia en la provincia de Castellón. Son muy hermosos los recuerdos que tengo de aquel lugar donde pasé mi niñez desde Junio a septiembre y las vacaciones de Pascua  y a donde –y no sé porque razón, pues mi padre siempre tuvo vehículo- íbamos en tren arrastrados por aquellas locomotoras de vapor, las MIKADO. 

Al llegar a la estación, recuerdo un curioso  personaje al que llamaban “El tío Estrella”.  Tenía el buen señor un carro tirado por un caballo de labranza en el cual transportaba las maletas al pueblo, las maletas, a mis hermanas  y a mi, que siempre nos la apañábamos para subir en él.

                                      LA MIKADO

Una de las peculiaridades de ese pueblo era, sin lugar a dudas, el agua, reflejado por su rio Palancia, su manantial de La Esperanza y sus fuentes. Esta localidad fue pionera de su turismo interior (hoy llamado Turismo Rural) y sobre todo de la sociedad valenciana del “quiero y no puedo”.

LA FUENTE DE LOS TRECE CAÑOS

 El núcleo de Navajas se nos presenta a través de su trazado morisco y de majestuosas villas del siglo XVIII, además de otros edificios y monumentos que merece la pena visitar. El centro histórico se presenta en forma de calles estrechas y encumbradas, de claro trazado morisco. Destaca el ayuntamiento, antigua casona, también del siglo XVIII. Se encuentra en la plaza del Olmo, centro neurálgico de la localidad, y cuyo nombre se debe a un majestuoso olmo de más de 400 años de antigüedad que todavía persiste allí.  Muy cerca hallamos la iglesia de la Inmaculada Concepción, que posee un hermoso camarín del siglo XIX Y si es la iglesia es símbolo cristiano, el máximo exponente de su pasado árabe lo representa la torre que aparece a las afueras de la localidad, en la zona de Altamira, del siglo XI. Otros lugares de interés son el pantano del Regajo, a dos kilómetros, y la enigmática cueva del Reloj donde ya una vez tuve que ser rescatado por expertos –siempre he sido un ángelito- o me hubiera quedado allí de por vida.

Destacan también el Mirador del Paraíso - o Salto de la Novia, por una leyenda existente como tantas otras- lugar especialmente habilitado para visitas turísticas en la zona conocida como cascada del Brazal de 60 m de altura; el manantial de la Esperanza, que abastece a la población de agua para el consumo y el riego; Altamira, desde donde se divisa la sierra de Espadán,

 Calderona y el Valle del Palancia. Otros lugares de ensueño son las fuentes que nacen a lo largo del término; del Curso, de Mosén Miguel, de la Bañola, de la Gilda, de la Peña, de San Rafael, del Cañar, del Lugar, de la Virgen de la Luz, del Baño y de los Trece Caños. Esta última guarda para mi especiales recuerdos, de mi niñez y de hace poco.

En esta fuente de los Trece Caños, conservo fotografías bebiendo a chorro,  de mis padres, de mí, de mis hijos… y especialmente de alguien muy reciente que sensibilizó mi corazón. Esta fuente es un símbolo para mí. No es que sea un privilegio, pero si debo decir que es a la única mujer que he fotografiado en ese lugar, igual que a todos mis seres queridos.

Podría hablar sin terminar, de mis viajes en tren de vapor, de mis andaduras, de mis accidentes, de mis quemaduras por cohetes borrachos o de mis cornadas por el tan sufrido y hoy rechazado por mí, “Bous en el carrer” y de tantas cosas que se haría muy largo, pero lo que quería decir lo he dicho.

Y ahora el porqué de la comparación con ese precioso valle donde se ubica una bonita villa, pedanía de Alzira pero más próxima a Carcaixent, La Barraca  de Aigües Vives.

Barraca de Aigües Vives (detalle)

No recuerdo bien cuando fue la primera vez que estuve en Carcaixent (Carcagente en aquella época) pero si sé que era muy joven, no tendría más de 15 o 16 años.

Mi padre tenía una industria de productos químicos y fabricaba unos fungicidas para la naranja y en sus viajes a las zonas naranjeras, este que escribe le acompañaba para aprender el oficio.

Carcaixent es “La Cuna de la Naranja”, eso dice la historia en guerra con “La Patria de la Naranja” que dicen en Alzira, pero la verdad es que en el siglo XIX, por medio de injertos con la naranja amarga, un sacerdote aficionado a la jardinería, obtiene en Carcaixent el primer naranjo de fruta comestible, de un agradable sabor fresco y dulce. 

Su aceptación es incondicional e  inmediata, y se multiplica rápidamente, por esquejes, su cultivo en la zona. Desde entonces, la calidad y variedades de las naranjas ha venido sufriendo una constante y beneficiosa transformación.

Coincide su expansión con la decadencia del gusano de seda, de modo que la tala indiscriminada de moreras, -para cuya hoja poseía Carcaixent la lonja reguladora en toda el área de la Ribera-, va dejando espacio al creciente cultivo del nuevo árbol frutal. Su novedad traspasa fronteras, en alas de su comercialización por mar, comercio en el que tercian oportunamente, con los valencianos, florecientes navieras mallorquinas. Carcaixent se convirtió con toda legitimidad, de cuna de la naranja, en centro preponderante de su manipulación y venta en toda Europa.

La buenisima "Coca de pimentó"

Pero Carcaixent es mucho más… y sin adentrarme en su historia o en su geografía, os voy a contar que significó para mi esta ciudad de la Ribera Alta del Xúquer que visité hace un año después de no haber estado en ella hacía por lo menos 40 años antes.

Allí me llevo mi querida pelirroja y siempre nombrada, carcaixenera ella, allí me llevó para disfrute personal, pues no recordaba que pudiera existir un paraje tan bonito como es el Valle de Aigües Vives.

El Monasteri de Aigües Vives

Allí recorrí  los montes, los naranjales, los hipódromos (ella me entiende), las señales de Stop, los arenales llenos de hormigas, merendé “coca de pimentó”, me peleé (se peleó) con un experto en “aques  amigo de monjas  y dialogué con medio pueblo para… nada, pues nada me dejó hacer después.

Y me enseñó los lugares de su juventud, que al igual que yo, se la pasó en el campo.

Hizo que me trasladara a mi niñez – desde su niñez- cuando me comía aquellas “coquetes” en el Manantial de La Esperanza de Navajas, en la Pascua entre inmensas pinadas y rompiendo huevos en la frente de las chicas, como manda la tradición de esas fiestas. Me hizo patear pueblos, acequias, campos y disfruté como hacía muchos años que no lo hacía…

No sé, estuve en aquellos dos lugares que hacia muchos años que no había vuelto, por ella y con ella y mañana mismo, si me lo pidiera… volvería a ir, aunque pienso que aunque sea solo voy a volver…

Vista general de La Barraca de Aigües Vives

3 comentarios:

Una senderista. dijo...

Recuerdos de la niñes, que nostálgico y que bonito.
Me gusta la música que has puesto,felicidades por la elección

Anónimo dijo...

Ahí en ese lugar que tan fogosamente describes, seguro que el amor flota por el aire sin cesar.

Es un sitio descrito por tus palabras precioso.

Un beso

Victor dijo...

me encanta, mínimo soy la 4ºgeneracion en este pequeño pueblo que nos ha visto crecer a todos (a unos mas que a otros).