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jueves, 8 de enero de 2009

Una décima de segundo

Hoy no tenía muchas ganas de escribir pero una circunstancia adversa me ha atado a mi casa e indirectamente al ordenador y hasta que vengan a por mí para darle solución he pensado que podría contaros algo.

No hace mucho me ocurrió algo que me hizo pensar que en una décima de segundo, tan solo en eso, la vida puede darnos un giro de 180º sin apenas darnos cuenta.

Venía de Valencia en dirección a l´Eliana a eso de las 2 de la madrugada por el carril izquierdo de la entrada al túnel de La Fe, cuando inesperadamente y saliendo del seto central, sin paso de peatones, apareció un individuo de improviso que viéndome llegar a su alcance, quedó en medio de la calzada paralizado de terror. Solo había tres opciones a realizar y pensar en una décima de segundo, girar a la derecha con el riesgo de que algún coche me alcanzara, tirar de frente llevándome al peatón al otro mundo o lanzarse al seto con el riesgo de vuelco y el que se iba al otro mundo era yo. Pues bien, confié más en mí y en la providencia y en el hecho de que en esa situación no ponía en juego ninguna vida más y decidí lanzarme al seto.

Salí ileso… -por el momento ya que al día siguiente los huesos me pasaron factura- y aparte de unos cuantos metros de seto destrozado y siniestro total en el coche… no hubo más. Tuve mucha suerte y más la tuvo el causante que además no se paró ni a auxiliarme. No os podéis imaginar cuantas cosas te pasan por tu mente en esos momentos…

Leí a  Eagleman en una entrevista con Punset en la que más o menos decía cosas como estas; que la visión que tenemos de las cosas es una visión cerebral y la prueba,de eso es que a veces esas visiones no conducen a ninguna parte, al vacío más absoluto y entre esas visiones raras está, por ejemplo, la manera en que la memoria archiva escenas violentas, terribles, un accidente de coche, que se archiva a cámara lenta. Es como si el tiempo se alargara.

Durante un hecho que da miedo, nuestro cerebro retiene recuerdos más ricos, más densos. De modo que cuando se vuelven a leer más tarde, la sensación es que duró mucho. Como si fuera a cámara lenta. Cuanto más fuerte es la emoción, cuanto más fuerte es el sentimiento, más rica es la memoria, por ejemplo, un gran amor. 

La razón por la que tenemos memoria es para retener las cosas importantes cuando se producen. Cuando hay una situación muy emocional, cuando sucede algo escalofriante como un accidente de coche o un robo... o un gran amor... aunque habitualmente son momentos en el tiempo, el cerebro los retiene. 

Hay una zona del cerebro llamada amígdala que sólo interviene en momentos de mucho estrés o miedo o emoción, y suele registrar nuestros recuerdos en una pista de la memoria secundaria. La parte más pequeña del cerebro es la consciencia.

La mayoría de lo que pensamos, hacemos, actuamos y creemos es generado por partes de nuestro cerebro a las que no accedemos, y ni siquiera las conocemos demasiado bien. A la gente le cuesta creer. que el cerebro inconsciente es quien hace la mayor parte del trabajo entre bambalinas. Y después de que el cerebro haya ordenado las cosas, las haya meditado y haya decidido, te las sirve en bandeja, pero nosotros decimos: “Acabo de tener una idea”.

Yo no tuve una idea, yo tuve toda mi vida en una décima de segundo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No sabía de este accidente . Me alegro infinito hayas salido ileso, y ...siento que de nuevo te hayas quedado sin coche. Ya no tengo el Róver para dejártelo.
Gracias a ti...disfruto de un Opel Corsa.
Gracias por aquella amistad

Anónimo dijo...

El cerebro. Bonito órgano.

Existen multitud de caracteres que hacen que algunos seres sean impulsivos, otros reflexivos, metódicos y un sin fin de adjetivos más de cómo calificaría el carácter de una persona.

El cerebro lo rige todo y sin quererlo todo lo bueno y lo malo de nuestra vida, ahí lo tenemos archivado desde nuestro primer respiro.

Hay “personajes” tanto hombres como mujeres, que dicen de ser muy conscientes y consecuentes con sus acciones en la vida y en realidad cuando los conocemos bien, solo son unos insconscientes con un cerebro minisculo y vacío.

Las personas impulsivas, enamoradizas y amantes de la vida, sin duda, para mi tienen un cerebro infinito.

Un beso