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viernes, 3 de octubre de 2008

¿Azar o destino?


Todo hace suponer que mi vida este cambiando para bien después de un paréntesis de algo más de tres años durante los cuales he ido pegando saltos de aquí para allá sin echar raíces en ninguna parte, ni laboral ni sentimentalmente y todo hace suponer que cuando esto por fin está ocurriendo resulta que puede que otro aspecto del cambio este moviéndose para que no me permita asentarme definitivamente porque ya no será necesario. Es mi encrucijada de destinos.
Destino… ese que es quién  baraja las cartas que nosotros y solo nosotros elegimos…
Bien, las mías están puestas en la mesa, ahora soy yo quién debo elegir y acertar ya que están boca abajo, pero creo que ya no voy a equivocarme. De todas maneras ya no miro de donde vengo, sino donde voy. 
En 1970 aparecía el libro del premio Nobel de Medicina francés Jacques Monod “El azar y la necesidad”, convirtiendo en título el pensamiento del griego Demcrito –“todo lo que existe en el mundo es fruto del azar y la necesidad”–, la obra reflexionaba desde la ciencia sobre el mundo y el ser humano. Fue un best seller y suscitó numerosos debates porque afirmaba que la vida era un simple accidente en la historia de la naturaleza: “El hombre vive en un mundo que es sordo a su música, y tan indiferente a sus esperanzas como a sus sufrimientos y crímenes”. El ser humano sería accidental y superfluo: estamos en el mundo de chiripa –si los dinosaurios no hubieran desaparecido, no existiríamos – y al universo le importa un bledo si nos extinguimos.
¿Pero los dinosaurios se extinguieron por azar o porque debían de dar paso al ser humano? Yo me hago esa pregunta. Para mí, el azar sólo es una excusa: todo tiene un motivo para suceder y las casualidades nunca son tales.
Si existe el destino o no, la ciencia se hace esa pregunta con paradoja ambigüedad. Según la lectura que hagamos de una teoría física podemos llegar a una respuesta positiva o negativa. Por ejemplo, la Relatividad parece responder afirmativamente a dicha pregunta. En efecto, según la teoría de Albert Einstein, el Universo es similar a una película de cine. Podemos avanzar cuadro a cuadro, hasta podemos retroceder. Claro, eso lo hacemos como observadores ¿desde afuera? Si fuéramos personajes de la película no podríamos retroceder en el tiempo. De la misma forma, nosotros vivimos en el tiempo. Es como si viviéramos como personajes de la película. Bajo esta perspectiva el libre albedrío es sólo una ilusión. Pero esa respuesta no es definitiva. 

La otra teoría física del siglo XX, la mecánica cuántica parece responder lo contrario. El futuro no solamente no existe con precisión sino que ni siquiera podemos pedirle al presente dicha precisión. La naturaleza es aleatoria. El Universo ya no es una película, es una verdadera ruleta que gira hasta que el observador la detiene y, recién allí, se manifiesta como una certeza: ¿¡Negro el tres!? Einstein, por cierto, nunca estuvo de acuerdo con esa interpretación de la mecánica cuántica y por ello acuñó su célebre frase ¡Dios no juega a los dados! ¡Lógico, como ya vimos, para Einstein, Dios más bien escribía guiones cinematográficos! Descartada la posibilidad que los científicos se pongan de acuerdo, por el momento, sobre la cuestión del destino, habría que verlo desde el aspecto místico, pero ahí, yo no entro.  
Sé que para encontrar a la persona que encontré tuvieron que darse tantas ambiguas y difíciles circunstancias que no fue el puro azar quién me la puso delante. Sé que para encontrar a alguien tan semejante, a esa alma gemela, dentro de este inmenso mundo de humanidad, no es el azar quien interviene… como me dijo ella una vez…”Sabía que estabas ahí, solo tenía que encontrarte”  El destino nos juntó y no supimos verlo, no hemos sabido aguantar las circunstancias adversas, no hemos sabido ver las pruebas que nos ponen para elegir en ese cruce de caminos… hemos sido ciegos.
Esperemos que el Universo nos ilumine y podamos encontrar ese camino que nos han puesto delante de nosotros…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No creo en el destino, nada es casualidad, nosotros forjamos nuestro futuro, labramos nuestra vida y abonamos nuestra existencia.

Cuando tenemos delante lo que queremos, no es casual, lo hemos trabajado, lo hemos luchado, y lo hemos soñado.

Si perdemos algo de lo que tenemos, no es el destino, es porque nosotros mismos no nos dimos cuenta de que entre los dedos de las manos se nos estaba escapando eso tan deseado.

La vida continua segundo a segundo como se mueven las agujas del reloj y el tiempo no se para, nosotros fijamos en que escala queremos estar en nuestro trabajo con el esfuerzo diario, de que color tiene nuestra pareja el pelo y de que marca es nuestro coche, pues que cierto es: El que siembra, recoge.

Por ello, cada día esparce semillas de ti por el camino de la vida, porque solo entonces recogerás sus frutos.

Un beso

Algoritmo dijo...

Planteé un problema en el cual nadie se pone de acuerdo... ni yo mismo, aunque creo que tú estás más cerca de la respuesta.
Gracias y besos