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miércoles, 10 de septiembre de 2008

Soy un héroe de guerra

Estoy detrás de la trinchera con mi fusil, el suelo mojado, charcos de sangre y agua se confunden en el barro y los dedos de los pies fríos. Pensé que unas botas militares no se calarían tan fácilmente, aun así me da igual, le tengo mucho mas miedo a las silbantes balas que vuelan por el cielo rasgando vidas, que a un dedo gordo de mi pie blanquecino y arrugado por el frío y el agua.

Olor a pólvora, mi cara manchada por el barro, la pólvora y un hilo de sangre que recorre mi rostro de arriba abajo, cierro los ojos y mi cara es el rostro del terror. Lo peor de todo es que no se si es la peor de mis pesadillas o la vida real, porque desde que estoy aquí no se diferenciar entre lo real y los sueños. 

Estoy nervioso y no soy capaz de aguantar más tiempo agachado aquí. Quiero levantarme y acabar con todos aquellos que han segado la vida de mis compañeros. Ponerme en pie y disparar. Quiero gritar. Quiero volver a casa.

La voz de mi sargento, reacciona en mi como el silbato de un perro, apenas he entendido lo que dice pero ya se lo que tengo que hacer. Corro hacia ellos disparo bien, he acabado con uno. El miedo hace que mi cuerpo recupere las fuerzas que no tenía. En una situación tan extrema como esta,  la ética no tiene cabida. Sigo corriendo, gritando, disparo. Dos menos. No se por que matar se convierte en un alivio si aún quedan muchos enemigos. Subido de adrenalina corro en línea recta hasta mis enemigos disparando tres, cuatro, cinco, me tiro y me oculto detrás de un árbol. Una granada a caído a mi lado. Intento saltar y esquivar la metralla.

 Puñetazo al teclado ahora estoy muerto, no importa reinicio la pantalla.

Espera olvide que no era un juego.

El medico me recoge, pierdo la conciencia. No se que día es, ni la hora, pero cuando vuelvo en mi alguien me sonríe, hemos ganado la guerra. La felicidad invade mi cuerpo. Hemos ganado. La metralla de la granada me a dejado paralítico, pero que importa eso si mi presidente ahora tiene muchas toneladas de petróleo. Hemos ganado. Si,  jamás podré volver a andar y total solo para que mi presidente pudiera decir: “tengo más fuerzas militares que tu”. Y aun así sonrió.

 Mi mujer llora cuando me ve en silla de ruedas yo le consuelo diciéndole: “que importan un par de piernas si  he vuelto a casa para verte”.

El estado me paga mucho dinero... soy un héroe de guerra.

 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Resumiría tu relato en una sol palabra: PASIÓN

La pasión es como una lucecita que casi todo el mundo lleva encendida en su corazón y cuando siente que algo le importa, le maravilla o le excita, esa luz se magnifica y su intensidad es tan inmensa que irremedialemente le ciega.

En el amor, en el trabajo, en la amistad, en las aficiones, hay que buscar el grado de intensidad justo de la lucecita que haga que no nos deslumbre el horizonte y caigamos a tierra ciegos, como si de un soldado herido por bala se tratase.

Para que el corazón lata con más fuerza y cada momento se viva más intensamente, ! hay que dejar encendida la luz de la pasión !, sin calibrar a veces las consecuencias, solo el puro placer obtenido.

Algoritmo dijo...

En Rspuesta:
Por favor no pares, sigue así, con unoas cuantas lectoras como tú soy capaz de escribir un nuevo Martín Fierro.
Gracias