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viernes, 1 de agosto de 2008

¿SOLAPADO O COMPLEMENTARIO?

La época vacacional suele ser el período propició para los romances cortos. La duración de la bonita experiencia termina en septiembre, como terminó la mía, y el corazón destrozado que obliga a un otoño de olvido y no siempre se consigue.. No cabe duda que el amor es irracional y que cuando se cree que se ha encontrado la persona acertada, no es que los violines celestiales empiecen a sonar, pero si que nuestro cuerpo parece dominado por una fuerza extraña. Las glándulas suprarrenales aumentan la producción de adrenalina y noradrenalina, que son los neurotransmisores que comunican con el sistema nervioso. Los efectos se sienten al instante, se liberan grasas y azucares, que aumentan la capacidad muscular, el corazón late más deprisa y nuevos glóbulos rojos se suman a la labor de transportar oxígeno al último rincón del cuerpo humano. Las glándulas sudoríparas expelen sus cargas produciendo una sudoración cuantiosa. Mientras, los órganos sexuales se sensibilizan, aumentan de tamaño, acumulan sangre y pasan a dilatarse y contraerse con fuerza. Entretanto, la producción de feniletilamina en el cerebro produce la sensación de bienestar y placer.

Pero, el amor no son exclusivamente los efectos físicos producidos por la atracción física. No cabe duda, que en una época donde la belleza es un don y el compromiso con los valores, una carga, el miedo a la responsabilidad causa que el egoísmo personal mande la satisfacción física
La relación de pareja es una unidad sentimental, parte de la física, que se da y enriquece con todo tipo de cariños y mimos. El mínimo cariño ayuda a fomentar la tranquilidad y la seguridad en la persona amada. La comunicación mutua, la responsabilidad compartida, en definitiva la vida compartida sin secretos, pero con respeto a la autonomía del otro componente del matrimonio, ayuda a poner las bases que serán los cimientos de la relación madura. La persona que estará a tu lado el resto de la vida.

El amor verdadero se produce sin esperarlo, ni buscarlo. La empatía verdadera con la persona querida es producida, aparte de la atracción física, por la comunión de un proyecto de vida y la compenetración de los dos caracteres. La unión física sólo se da de manera natural, después de haberse producido esa unidad sentimental. Dos personas, hombre y mujer, diferentes, independientes, COMPLEMENTARIOS, que se aunan en un proyecto de vida común, y que la convivencia hará que hasta adivinen las necesidades de la persona amada sin decirlas. No cabe duda que ese amor, no provendrá de una relación efímera, proveniente de un encuentro casual que satisfaga la necesidad de un día, con el peligro subsiguiente. La vida merece ser vivida, según sus reglas, y el verdadero amor trae el conocimiento de una persona hecha para ti, con quien recorrerás el camino de la vida, con el bagaje completo para el viaje, de sus cualidades y las tuyas.

Discutía ayer con dos amigas si el amor debería ser complementario o solapado, explicando que en matemáticas “Conjuntos solapados” eran los que tenían varios puntos en común. Yo abogaba por solapados porque le daba mucha importancia a lo de tener  coincidencias, sin pensar que las “no coincidencias” si superaban a las anteriores podría derivar en ruptura.
He llegado a la conclusión que cuando dos partes se complementan para formar un entero, esa unión será indestructible.
A pesar de todo lo expuesto, el amor para mi, es un sentimiento que veo lejano. Forma parte de una experiencia lejana y que ahora genera recuerdos que se suceden constantemente en mi interior evocando lágrimas, muchas de ellas por recordar la felicidad que sentía al mirarla, al tenerla tan cerca y cada vez más. Lágrimas que hablan de una época de mi existencia marcada por mi locura controlada por una mente que parecía centrarse en mirar en el único punto que mi vida observaba: el futuro. Un futuro junto a ella. El presente no me cansaba ¿pero qué pasaría más tarde? Pasaba los días pensando en como sería el próximo encuentro y “eso” se convirtió en lo que ahora considero amor. Un sentimiento que, como decía, se me queda lejano. Hoy sé que no podría enamorarme pero si amar.
Lo que esta vida me ha enseñado es el valor que tengo que dar a las personas que, al cruzarse en mi vida, me demuestran que deberían perdurar en mi corazón y, por tanto, personas que cuidar apreciando lo que valen. Espero que eso me reconforte y a la vez me sirva para recibir el mismo trato que dispenso. Solo lo espero pero no lo exijo. Precisamente amar es dar de forma incondicional sin imitar a este mundo inútil que nos ha enseñado a actuar como monedas de cambio. Eso es errar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Preciosas tu letras, dictadas desde lo más hondo de tu corazón. Tan ciertas como que para vivir necesitamos respirar. Tan profundas como lo más intimo que cada persona se guarda en rincones de su cabeza para hcerlo aflorar cuando más en soledad se encuentra. Insisto, preciosas tus letras. Un Beso